Capítulo 40: Hermandad, parte 1

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Tras mi ducha, entiendo por qué Kellan y Seven usan un gel de ducha diferente al resto de las personas aquí: el  olor refrescante te hace olvidarte de la sangre. 

Seven tuvo la extraña gentileza de traerme un zumo de naranja que me obligó a beber después de que donara sangre,  y, bajo la amenaza de que me echaría de la enfermería durante el tiempo que Kellan estuviese ahí si no lo hacía, lo bebí. 

El dulzor del zumo ayudó a que el sabor amargo en mi boca desapareciera, y que el nudo de pesar en mi estómago se deshiciera un poco. 

Suspiro con la mano apoyada en la puerta abatible del área médica. Kellan despertó hace una hora, su estado ha ido bien según los criterios médicos de Drei.

No sé qué cara poner al verlo. No creo estar lista nunca para enfrentarlo. 

Empujo la puerta con suavidad para que no produzca el chirrido que anuncia mi llegada. Me digo que si Kellan se ha vuelto a dormir, no debo despertarlo. Necesita descansar. 

«Solo estoy poniendo excusas. Soy una cobarde».

La puerta se abre apenas lo suficiente como para que pueda asomar la nariz. El olor a anticépticos está mezclado con la esencia de Kellan y me golpea en la cara. El ruido de la conversación se filtra hacia el exterior. 

—Oficialmente tengo una nueva fecha de cumpleaños —escucho bromear a Kellan—. Esta vez, de verdad creí que me iba a morir. 

—Sigo preguntándome de dónde sacas nuevas ideas para ponerme de los nervios —es Seven. 

—¿Hice que te doliera la cesárea? —Su risa queda sepultada bajo una queja de dolor.

—Vaya que sigues drogado, ¿eh? Es la tercera broma que te escucho —responde el rubio con tono divertido—. Y, ¿qué era lo que querías comer? 

—Pudín negro —suelta acompañado de una ligera risa. 

—Sólo para asegurarme, no te estás refiriendo al pastel negro de frutas, si no a esa asquerosa mezcla de grasa, sangre y avena especiada, ¿verdad?

—No pongas esa cara —se burla Kellan.

—¿De quién aprendiste a comer esa basura? 

—Gestella. 

—Ah, esa vieja bruja —apunta Seven.

—Si un día tengo un sucesor, diré que tú eres un viejo brujo, como lo haces con Gestella.

—Oye, no la defiendas, Gestella sí es una vieja bruja. Deberías estar agradecido de que no te trato ni un cuarto de mal de lo que ella me trató a mi. 

—Tú tuviste una madre estricta y narcisista en exceso, yo; un padre adulador con apego ansioso-evitativo. 

Me sumo por la rendija al suficiente tiempo para alcanzar a visualizar a Kellan haciendo una mueca como si se arrepintiera de algo y a Seven rodando los ojos con una sonrisa que desborda picardía. 

—Ey, ¿bajamos la guardia un poco? —cuestiona Kellan. Espera hasta que Seven asiente antes de continuar—. ¿Por qué no ayudaste a Drei a extraer la bala? Tú eres mejor médico y cirujano que él. 

El rostro de Seven se descompone en un gesto de tristeza o nostalgia. Posa una mano con suavidad en la coronilla de Kellan, , la mantiene ahí por un rato mientras intercambian lo que me parece una mirada bastante significativa. 

—¿Cómo podría mantener la calma mientras tengo que abrirle la carne al niño que crié? —suelta. Otra vez, hay calidez en sus palabras—. Soy un monstruo, no una bestia.

Rojo AscenderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora