Han pasado tres días desde que vi a Exone. Mis primeras tareas han estado relacionadas con ayudarlo a moverse de un lado a otro entre este edificio y el de al lado. Se ha burlado mucho de eso, diciendo que le hubiera encantado ver mi cara cuando me dieron una de las tareas menos arriesgadas que se les ocurrió.
—Ya conoces a Cinco y a Nueve. —Drei señala al par de jóvenes sentados en el lado contrario de la mesa, después señala a la chica a mi lado—. Ella es Emy. Nuestra integrante más joven.
La chica me sonríe ampliamente y saluda con la mano. Su piel tiene un sub-tono rosado, pero se nota aún más cuando se sonroja. Su cabello me recuerda a los rayos del sol, de un amarillo pálido como el azul de sus ojos.
Entiendo que digan que es la integrante más joven, porque tiene un aire infantil en las mejillas ligeramente redondas y los ojos grandes con el mismo brillo con el que los niños miran el mundo que aún están conociendo.
Cinco ha demostrado que no solo tiene una apariencia feroz, sino que su apetito lo es también. No me extraña cuando caigo en cuenta de que he escuchado su voz muy pocas veces, ya que la mayoría del tiempo en el que hemos estado juntos, lo único que hace es comer.
Y Nueve, bueno. Ya me acostumbré a sus miradas perdidas en la nada, su falta de expresiones más impresionante que la mía y su cambiante humor. De los presentes, él es a quien ya estoy completamente acostumbrada.
La puerta de la sala de reuniones se abre sacándome de mis pensamientos. Por ella veo entrar a un adulto joven con ropa elegante. Su gabardina del color de las hojas de pino llega a los tobillos de sus lustradas botas de combate. Un pantalón del color de la arena y lo que me parece una camiseta sin mangas negra y ceñida al cuerpo envuelven a un hombre rubio. Lleva una sonrisa encantadora.
Los ojos del recién llegado recaen en mí y en seguida me siento mal por haber estado mirándolo sin disimulo. Me reacomodo en mi lugar, dándole la espalda por completo a la puerta, y por supuesto, al hombre de elegante vestimenta.
—Vaya, casi me pierdo de algo, ¿cierto? —dice con una voz melodiosa—. Hay un rostro que no conozco.
—Básicamente, todos los rostros aquí son desconocidos para ti, ¿no? —el tono monótono de Nueve es el que se escucha.
—Oh, esta vez sí diste en el blanco. ¡Felicidades, niño! —se burla el recién llegado.
Mis ojos recaen en Nueve. Tiene un aura ausente. Su mandíbula está apretada y sus ojos miran perdidamente algún punto a su izquierda. Pero esta fría presencia se desvanece un poco cuando la risa del recién llegado baña la estancia.
Conozco esa manera de entrecerrar los ojos y juntar con ligereza el inicio de sus cejas: está irritado. Esa es la misma expresión que me muestra al comenzar una discusión con él. No está molesto, pero está cerca de estarlo.
—¿Ya puedo irme? —Nueve se pone de pie, su postura es desgarbada y en sus ojos se ve la somnolencia—. Tengo algunas cosas que investigar.
—Ah, ¿ya te vas? Hace un tiempo que no nos vemos. —El rubio rodea la mesa y posa una mano sobre los hombros de Nueve—. Deberíamos ir a beber algo.
—¿El trago tendrá tu corazón en el fondo del vaso, Siete? —Nueve se deshace del agarre del rubio—. De otra forma no me apetece, gracias.
—Ah, Seven, Seven. Suena elegante. —Él vuelve a atrapar a Nueve en un abrazo—. No es mi culpa tener la clase que a ustedes les falta. —Hace un gesto con una mano como si sostuviera una copa y moviera el contenido en círculos.
—No tengo tiempo para estar pegados como siameses, ¿sabes? —Nueve lo empuja lejos con su palma en la cara del rubio, quien ríe mientras es apartado.
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Rojo Ascender
Fiksyen SainsNira está consciente de que su vida no tiene ni una pizca de normalidad, solo hace falta ver su más grande secreto: Tiene una habilidad sacada de los cómics. La tiene desde que una extraña figura se presenta en sus sueños: una mujer de ojos rojos y...
