El camino por la ciudad hacia casa es laborioso más laborioso que ir hacia el refugio. Kellan ajusta nuestros pasos aquí y allá. Me he acostumbrado a que evite ciertos caminos o a tomar atajos. Sin embargo, algo hoy parece diferente.
Su actitud recelosa es como la de un depredador vigilando. Mira hacia todos lados, es como si no viera al enemigo que nos parece estar amenazando. Comienza a ponerme nerviosa.
En un cruce abarrotado, me sostiene del brazo con firmeza deteniendo mi andar. La gente fluye en ambos sentidos, rodeándonos como el agua a una roca en un rio.
Un par de hombres de uniforme militar pasan a mi lado. Uno de ellos choca su hombro con el mío y puedo detallar la insignia en un parche sobre él; un águila con las alas extendidas, una muralla en el fondo, en sus garras sostiene una lanza con cuchillas en ambos extremos y banderas ondeantes a sus lados.
Kellan tira de mi brazo en una dirección que nos aleja de los hombres que están llegado a la acera del otro lado.
—Ese logo... ¿Imperio?
Nunca había visto una insignia militar de ese tipo, pero la actitud y la postura alerta de Kellan me hace pensar en ellos.
—Sin duda. Algo ha pasado, para esta hora ya deberían haberse retirado. —Niega con la cabeza—. Mierda, si la corona también está por aquí, sus perros deben estar cerca.
—No entiendo nada, Kellan.
—¿Ya estamos de nuevo con mi nombre? —murmura—. A la corona los acompañan Ascendidos que pueden detectar hasta el mínimo rastro de esencia.
Tras decir aquello, me empuja con suavidad hacia un rincón en la acera por el que nadie pasa y me envuelve en un abrazo. De cerca puedo sentir la tensión en su cuerpo.
Nos adelantan una mujer y dos hombres vestidos con trajes militares. En sus hombros tienen la misma insignia que los anteriores.
—Debemos ir de vuelta al refugio —susurra la siguiente parte:—En el refugio estaremos a salvo. —Abro la boca para interrumpirlo, pero una mirada fría de sus ojos me detiene—. Esto incluye a Vladimir, si vamos a tu casa lo ponemos en riesgo también. Tendrás que usar la excusa de tener que quedarte en los dormitorios de tu escuela fantasma.
—Vamos entonces —digo tras un suspiro de rendición.
—Primero déjame idear una ruta segura
Caminamos a una cafetería. Servirá para pasar desapercibidos mientras Kellan decide cómo deberíamos movernos. Con suerte, Imperio se irá tras unos minutos y seremos libres de ir al refugio o de volver a casa.
Al entrar en el establecimiento la música de ambientación relajante nos da una cálida bienvenida. El aroma a granos de café tostados y pan recién horneado flotan ante nosotros. El sonido de metal chocando contra porcelana y las conversaciones no me parecen tan tranquilizantes como lo hubieran sido hace unas semanas. Hoy, los ruidos como esos me recuerdan que he perdido la oportunidad de vivir con normalidad.
—Ve a pedir cualquier cosa —dice Kellan antes de alejarse buscando una mesa.
Asiento a la vez que me acerco a la barra.
Para el momento en el que es mi turno me cuesta mantenerme quieta. Me toma más de lo esperado elegir algo al azar teniendo el estómago revuelto de los nervios, pero me entregan el café tan rápido como si lo hubiera pedido con varios minutos de antelación.
—¿Nira? —me nombra una voz profunda y desconocida—. Eres Nira Bergman, ¿verdad?
El divertido Deja Vú que me genera la pregunta desaparece al girar.
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Rojo Ascender
Science FictionNira está consciente de que su vida no tiene ni una pizca de normalidad, solo hace falta ver su más grande secreto: Tiene una habilidad sacada de los cómics. La tiene desde que una extraña figura se presenta en sus sueños: una mujer de ojos rojos y...
