Capítulo 41: Ley de contra asesinos

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Salgo por completo de la inconsciencia en cuanto el ruido del agua corriendo se detiene, sumiendo la fría habitación en un silencio cómodo que me tienta a seguir durmiendo. Una puerta se abre y se cierra en alguna parte de la habitación, al ser Kellan el dueño y única persona a parte de mi que entra, sé que se trata de él.

Se mueve con cautela. No debía salir de la enfermería hasta que Drei le diera la autorización, pero conociéndolo, decidió por sus propios medios que ya está recuperado.

La curiosidad gana. Abro lo suficiente los ojos para entrever la espalda de Kellan mientras está parado frente al closet. Lleva una toalla alrededor del cuello y no lleva puesta ninguna playera. Gotas cristalinas caen por las puntas de su oscuro cabello.

La herida reciente es alarmante. El lugar por el que se abrió paso la bala que impactó en su hombro es escandalosa con sus tonos de rojo, morado y las costras de sangre. Los pocos puntos que aún la mantienen cerrada destacan por la forma en la que su piel pálida contrasta con el hilo negro.

En el centro de su espalda doce perfectos círculos, seis a cada lado de su espina dorsal destacan de igual manera aunque no parecen heridas recientes. También tiene cicatrices de heridas que fueron suturadas y un recuadro cerca de la cadera que parece una escarificación.

Él suelta un suspiro. Y cierro los ojos al verlo girar en mi dirección.

—Sé que no estás dormida, Nira —dice con tono divertido.

—¿Cómo sabes que no?

—Porque puedo verte.

Un lado de la cama se hunde ante su peso. Me muevo dándole la espalda.

—Vamos, no seas perezosa. Eins convocó a una reunión y ya vamos tarde.

—No lo soy, pero anoche no dormí mucho.

—Exone te retuvo con sus charlas de té demasiado tiempo, ¿eh? Cinco sigue molesto porque se terminaron las galletas que le gustan —comenta con una risa—. Tú entrenamiento va a ser muy duro por un tiempo.

Me quejo a la vez que ruedo en la cama para enterrar el rostro entre las almohadas.

Exone logró darme algo en qué pensar. Descubrir que el traidor que nadie se atreve a mencionar es mi tío me tiene como anestesiada. No tengo tiempo ni los medios para deshacerme los sesos pensando en los porqués o en los cómos de algo que no puedo cambiar.

Lain está con Imperio es lo único que debo tener en mente.

—Nira —Kellan me llama arrastrando las vocales de mi nombre.

Una de sus manos se clava en mi cadera y me obliga a girar. Le dedico un gesto de molestia al tenerlo de frente. Me basta una mirada afilada de sus ojos grises para entender que si no voy por mis piernas, él me va a arrastrar hacia la reunión.

—Está bien —gruño levantándome.

Ya una vez instalados en la sala de reuniones unos minutos más tarde me siento despierta por completo. Kellan tomó su recurrente asiento al otro lado de la mesa, cerca de la cabecera, pero no deja de lanzar miradas de advertencia cuando bostezo .

Seven y Emy no están, de modo que la sala se siente el doble de grande sin tantas personas.

Cinco vuelve de la cocina con un arsenal de comida chatarra, lanza un paquete de galletas a Drei antes de mirarme como si fuera la peste. Kellan toma venganza en mi lugar al mirar al peliblanco de la misma forma cuando este se sienta cerca de él.

Eins empieza a relatar las noticias más recientes saltándose cualquier formalidad. Al terminar su parte, nos pide a Kellan y a mí que le hablemos de los sucesos en el edificio. Kellan relata las cosas de las que se acuerda o las que llegó a ver. Y me toca rellenar los huecos de desconocimiento en su historia.

Rojo AscenderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora