Capítulo 46: Lobo con piel robada

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—Te... —suelto una exhalación—, tengo.

Sostengo a Emy por el antebrazo mientras me doblo a la mitad jadeando. El sudor que recorre la parte trasera de mi cuello es el fruto de una larga sesión de entrenamiento.

—Estuvo cerca —se queja Cinco en el suelo a un par de pasos detrás de mi.

Él permanece acostado con las extremidades estiradas, me dirige un gesto de reproche cuando me dejo caer a su lado en el polvoriento claro de entrenamiento.

—Nira gana ocho a seis —informa Seven con satisfacción.

—Estuvo bastante reñido. —Admite Emy.

El nivel cuatro del entrenamiento de Seven fue una tortura teniendo en cuenta que mi rival era Emy y su habilidad capaz de lavarte el cerebro.

Parte de saber leer esencias, es seguirlas sin importar lo demás. Es tan difícil hacerlo bien que en algún punto Cinco se unió para probar y terminamos compitiendo.

Con la habilidad de Emy; Voz irrebatible, el cerebro se apaga, solo escucha y sigue su voz e incluso puede obligar a quien la oye a hacer cosas sencillas. Sus castigos no fueron tan humillantes, ya que tiene una limitación. Aunque no escapamos de la vergüenza. Un par de veces terminé sentada mordiéndome la rodilla. Y Cinco posando cual modelo fisicoculturista.

—Cinco me debe unas galletas —digo triunfante.

—Te odio —murmura.

El cielo no para de darme vueltas. Cinco tiene espasmos. Emy padece tortícolis. El desafío nos torturó a los tres en distintos niveles, así que me causa envidia la apariencia fresca y relajada de Seven. Su sonrisa es tan grande que parece que va a partirle el rostro.

—Siento que nos excedimos —expreso con voz ahogada.

Cinco me da la razón con un mugido. Emy asiente mientras se masajea el trapecio.

—Bien hecho, los tres —elogia Seven poniendo las manos en jarras—. Pudo ser peor, no se quejen.

—¿Qué pudo ser peor? —Esa voz rasposa me pone nerviosa.

Detrás de Seven se deja ver la figura de Kellan. Su rostro se crispa molesto cuando repara en mi presencia. Ha regresado a sus orígenes, usa su capucha negra, pareciendo tan pálido como el papel y ojeroso como mapache, un mapache que ha contraído rabia al verme.

—¿Qué hace ella aquí? —interroga en un gruñido furioso que recae en Seven.

—Te duró poco el gusto, ¿no? —se burla el agredido, apenas conteniendo la risa—. Llegó por su cuenta, como te dije que haría. Está en sus venas, a no ser que estés dispuesto a drenarle la sangre, el instinto hará al cachorro regresar con la manada.

La actitud casi satírica de Seven me impresiona tanto como me preocupa.

—Se tiene que ir —sentencia.

—Tengo tanto derecho a estar aquí como lo tienes tú, Nueve —ataco sin mediciones.

—Trato de que recuperes tu vida normal, ¿por qué no lo valoras?

Kellan tiene un claro problema con que esté aquí, pero no estoy de humor para solucionar los problemas de los demás, por muy egoísta que eso sea, tendrá que tolerar o ignorar.

—Jamás te pedí que lo hicieras.

—¡Ey! —El chispazo de la habilidad de Emy causa que la miremos—. Lo siento —dice con expresión apenada—. Quería recordarles que Eins nos espera al terminar.

Ella se encoge de susto al escuchar el resoplido de impaciencia que sale de Kellan antes de que este comience a caminar hacia el interior del refugio. Seven va tras él después de guiñarme y reírse de un chiste que no tenemos la suerte o infortunio de conocer.

Rojo AscenderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora