Seven encontró un buen lugar para observar el edificio desde la lejanía. Los densos arbustos y árboles bajos esconden nuestra presencia mientras analizamos y creamos un plan.
Una escalera marinera, con una jaula cilíndrica que envuelve su parte superior a modo de protección, es lo destacable en este ángulo. Su estructura rígida parece la columna vertebral que mantiene de pie el edificio, escondiendo de ojos ajenos las atrocidades que se llevan acabo en su interior.
—Entraré desde arriba, me muevo más rápido solo, así que tú y Nira vayan por la entrada trasera —propone Kellan en dirección a Seven.
—Movieron los contenedores y la seguridad aumentó en comparación a esta mañana —informa Seven—. Mientras más terreno cubramos, en menos tiempo, mejor.
—Daré prioridad a despejar el camino —indica el pelinegro—. Ustedes tómense el tiempo de buscar los contenedores conforme vayan subiendo.
Comienzan a idear un plan de entrada y retirada pero tan estoy ocupada manteniendo a raya el cosquilleo que me recorre la piel que no le presto atención.
Aún no hablo con nadie de la idea de llevar a Vlad conmigo al refugio. Eso me carcome un poco pero... espero que con esta misión pueda demostrar que soy tan útil que se me permita ese capricho.
En este momento, mi mente es la peor amenaza. El peso y la oscuridad con los que están impregnados mis pensamientos me abruma, entorpecen mis sentidos.
Una voz en la oscuridad no para de decirme que corra. Repite huye, huye, igual que un disco dañado. Y ese pensamiento en bucle está matándome.
Las palabras de Lain, su confesión sobre un traidor junto a su propuesta de unirme a Imperio taladran mis huesos con una incomodidad dolorosa. Se mezcla con la voz que me pide huir y algo me dice que quizás van de la mano.
Limpio el sudor frío en mi frente con la manga, trato de respirar de forma controlada.
—¿Todo bien, Nira? —pregunta Kellan, no es consternación, es una extraña formalidad.
—Seven tiene razón —susurro, sin poder contenerme.
—Ah, ¿sí? —contestan ambos al mismo tiempo.
Seven sonríe como quien acaba de ganar la lotería. Kellan parece algo... ¿perturbado?
—En Anhelm hay un traidor —mis palabras suenan estranguladas.
El gesto en el rostro de Kellan se oscurece.
—Tardaste pero al fin das con la conclusión sola. ¡Vamos, tienes que ser más rápida! —exclama el rubio.
—Te recuerdo que tú me acusaste de ser ese traidor.
—Bueno, la explicación de Cinco aún dejaba espacio a dudas —dice con tono austero—. Lo que te respaldo fue el llegar por tu cuenta al refugio. Si fueses un traidor, Anhelm no te dejaría entrar.
—¿Seguiste sospechando de ella? —suelta Kellan con tono de reproche.
—Sospecho de todos los que no sean tú, mi querido muchacho. —Seven se encoge de hombros—. Y ya que nos estamos sincerando, traer a Nira fue soltar una carnada.
—¿Qué?
—¿¡Qué!? —Es mi turno para ir a la par con Kellan, aunque mi grito aterrado opaca su voz.
—No sé quién es el traidor... aún, pero sin duda está en contra de Nira. —Me apunta con el dedo—. Cada vez que estás en un lugar de fácil acceso para Imperio, estos llegan como ratas atraídas por el sonido de la flauta.
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Rojo Ascender
Ciencia FicciónNira está consciente de que su vida no tiene ni una pizca de normalidad, solo hace falta ver su más grande secreto: Tiene una habilidad sacada de los cómics. La tiene desde que una extraña figura se presenta en sus sueños: una mujer de ojos rojos y...
