Caigo al suelo con un ruido seco. Me quedo tirada, procesando en qué me equivoqué. El calor del sol que ha golpeado el suelo antes que yo se filtra en mi espalda. Suspiro rendida.
Como Eins lo ordenó, Cinco es mi instructor de defensa. Desde la mañana, hasta la hora del almuerzo. El peliblanco ha sido estricto y exigente. No me da un respiro una vez que las sesiones de entrenamiento empiezan.
—¿Piensas quedarte ahí hasta que anochezca? —La blanquecina cabeza de Cinco entra en mi campo de visión—. Inténtalo de nuevo.
Él me ayuda a ponerme de pie. Me sacude el polvo de la espalda con un par de palmadas. Estoy acostumbrada al desgaste físico, pero no al mental; al cansancio mental de un Ascendido.
No espero discursos de motivación por parte de Cinco, de hecho, no parece ser muy bueno con las palabras. Tiene una extraña forma de comunicarse, lo que creí que era un acento, en realidad parece una falta de costumbre al habla. Es extraño, me parece que pronuncia cada palabra con lentitud como si no estuviera seguro de si está pronunciando correctamente.
Trato de tomarlo en serio, pero me parece lindo cada vez que entrecierra los ojos cuando dice tres o cuatro palabras largas al hilo.
—¿Cómo lo hiciste? —jadeo—. Estoy segura de que tenía mi habilidad activada.
—Sigues haciendo ruido al caminar. Tu cuerpo aún no se acostumbra a pelear y activar tu habilidad a la vez. —Se encoge de hombros en un gesto despreocupado—. Inténtalo de nuevo. Desde lo que te enseñé.
Reprimo la queja que se construye en la base de mi garganta.
Se refiere a la intimidación previa a una pelea; activar mi habilidad con lentitud. Cinco, insistió en que la creciente esencia que sueltas al ir activando poco a poco tu habilidad intimida más que activarla de golpe, como yo lo he hecho desde que ascendí.
Sigo viendo eso de la esencia como las marcas que dejan los perros para delimitar su territorio, pero cada vez que lo digo, Cinco no tiene pena para darme una palmada en la parte posterior de mi cabeza y soltar lo que creo que es un insulto por lo bajo.
Una dolorosa punzada en las sienes me marea, la reconozco como cansancio por el uso sin descanso de mi habilidad. Aún no me acostumbro a usar mis técnicas de defensa personal, junto al uso de mi habilidad. Mi cuerpo y mente se sienten saturados al hacer ambas cosas.
—Eres buena en la pelea cuerpo a cuerpo, pero si no puedes controlar tú habilidad y a la vez pelear, ni una ni otra te sirve. —Se toma un momento para ordenar sus ideas—. Distribuye el peso de manera uniforme para que tus pies no suenen con fuerza al tocar el suelo. —Se lleva una mano a la parte trasera de su blanca cabellera.
Casi es como si le hubiera dado dolor de cabeza el tener que decir tantas cosa.
—Genial —me quejo—. Tener activada la habilidad, mirar por donde camino, distribuir mi peso y pensar en una estrategia para atacar... ¿algo más?
Sus ojos negros se encuentran con míos. El brillo juvenil en su mirada me hace pensar que está limitando la cantidad de tareas que va soltando. No sé si lo hace por consideración a mi o por su aparente impedimento al habla.
—Regula tu respiración —suelta con lentitud—. Relájate físicamente, mantente alerta mentalmente. Los Ascendidos no necesitamos preparar los músculos antes de usarlos. Jamás sufrirás un desgarre.
—¿Por qué suena a algo que diría Nueve?
Pongo los ojos en blanco un segundo mientras dibujo en mi mente ese gesto de "ya deberías saberlo" que hace después de soltar datos de ese tipo.
ESTÁS LEYENDO
Rojo Ascender
Fiksi IlmiahNira está consciente de que su vida no tiene ni una pizca de normalidad, solo hace falta ver su más grande secreto: Tiene una habilidad sacada de los cómics. La tiene desde que una extraña figura se presenta en sus sueños: una mujer de ojos rojos y...
