Capítulo 45: Lazos

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—¿... ensalada? —se alza la voz de mi tío, opacando la voz de mi mente.

Mis ojos se despegan del plato semi lleno que picoteo distraídamente. El rostro de Vlad tiene una expresión curiosa, y su tenedor apunta a mi trozo de carne a medio comer.

—No te escuche, perdón.

—Pregunté si querías más ensalada —repite de forma pausada.

—No, estoy bien. Ya estoy llena.

—Otra vez tienes poco apetito, ¿eh? —Regresa a su plato, atacando la montaña de puré de papa a un lado—. No te esfuerces mucho, pero si te da hambre más tarde calienta algo.

Asiento, ya sin ánimos.

Me esfuerzo en comer pero, no puedo pasar muchos bocados pues el grito de frustración que tengo atascado en el inicio de la garganta me impide tragar con normalidad.

Las últimas cuatro noches he tenido pesadillas demasiado reales. He visto en sueños el refugio de Anhelm quemarse tantas veces que ya es difícil saber si solo lo he imaginado.

Cinco días y cuatro noches han pasado y no hay señales de que Kellan tenga intenciones de volver ni hoy, ni nunca. La sensación de abandono comienza a enfermarme.

Lo peor del asunto, es que de no ser porque dejó su chaqueta atrás, podría decir que jamás nos hemos conocido. Esa prenda y la herida en mi muñeca son los únicos recordatorios que tengo de que lo que he vivido en las últimas semanas fué real.

La supuesta maniobra de Kellan en mi celular no fue más que una mentira. Borró mi registro de llamadas y mensajes, así como su número celular. Me dejó incomunicada. Aislada.

Me levanto para lavar mi plato y así Vlad no pueda notar la consternación en mi.

—Saldré tarde hoy —anuncia—. No me esperes despierta. Cierra bien las puertas y las ventanas y-...

—Y te llamaré si un auto sospechoso se detiene en la puerta. También debo ignorar a Lewis si vuelve y meterme en un bunker, que no tenemos, si un meteorito colisiona contra la tierra —lo interrumpo con tono sarcástico.

—Muy graciosa, ¡ja-ja-ja! —Dice en el mismo tono. Pasa su mano por el chorro del grifo abierto para salpicar gotas heladas en mi rostro—. No me gusta que te quedes sola.

—No te preocupes. Iré a la biblioteca a estudiar y almorzaré en una cafetería —digo para tranquilizarlo—. Así que, no estaré sola. Habrá miles de desconocidos conmigo.

Vlad niega con la cabeza pero se despide de mí con menos rigidez que en los días anteriores.

En cuanto escucho el clic de la puerta al ser cerrada con llave, corro escaleras arriba.

Recorro mi habitación con la velocidad de un tornado, recolectando lo que voy a necesitar para mi misión personal. Una linterna, pilas extras para ella, y un mapa van a parar al fondo de mi mochila.

Me meto debajo de la cama para sacar las botas de combate que me prestó Cinco para mi primera misión, tras ponermelas, me enfundo en la chaqueta de Kellan y bajo trotando por las escaleras. Me llevo una botella de agua y snacks al pasar por la cocina en mi camino hacia la salida.

Según lo acordado, pasados los tres días podría regresar a Anhelm. En ningún momento quedó explícitamente marcado que tenía que esperar a que alguien me llevara.

He decidido ir por mi cuenta.

Me cuelgo la mochila al hombro y me encamino a mi destino.

Haber practicado con mi habilidad durante estos días me llena de confianza en mí misma. Ahora soy más fluida al usarla, e incluso puedo trasferirla a objetos en movimiento con tan solo verlos. He dejado atrás la lenta visualización, lo que me ha hecho más rápida.

Rojo AscenderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora