Al entrar en casa la sala está sumergida en una tenue oscuridad. Las botas de Vlad a un lado de la entrada y la luz encendida de la cocina me hacen saber que ya debe estar durmiendo.
Para Kellan no es ningún reto caminar con naturalidad sin emitir ruido, para mi si, pero nos las arreglamos para llegar hasta la puerta de mi habitación.
—Un tejón cojo hace menos ruido que tú —susurra como regaño.
Él abre la puerta de mi habitación, metiéndose como si le perteneciera. Le pinto el dedo medio cuando se gira a mirarme con una mirada recriminatoria tras haber pisado una madera que se queja ante mi peso.
—Esto no es por miedo a que Vlad me regañe, es para no interrumpir su sueño.
—Créeme, si el ruido que hiciste al entrar no lo hizo, nada lo hará —dramatiza rodando los ojos—. Fue como escuchar a una manada de elefantes cojos entrando.
—¿Por qué me sigues comparando con animales cojos? —me quejo.
Kellan toma impulso para soltar una réplica pero logro silenciarlo con un movimiento furtivo de manos al ver la puerta de la habitación de Vlad abrirse. Su adormilada persona sale con paso perezoso, bizquea ante la luz del pasillo y se talla la cara para espantar el sueño, aunque solo logra verse más desesperado por volver a la cama.
—¿Todo bien, Nira? —Bosteza y se rasca la espinilla con el talón de la otra pierna—. ¿Qué hora es?
El pecho se me va a abrir si mi corazón sigue golpeando de esta manera tan salvaje. El sudor frío en mis manos me recuerda que estoy apretando la orilla de mi ropa con demasiada fuerza. Trato de mostrarme relajada, pero puedo sentir cada músculo tenso en mi espalda.
—No pasa nada. —Por el rabillo del ojo vislumbro a Kellan congelado, apenas a dos pasos dentro de mi habitación—. Son las ocho de la noche.
—Las ocho, ¿eh? —Sus ojos se posan en el techo—. No vayas a desvelarte, cariño.
—Está bien, capitán. Quiero decir, ¿general?
Él me reprueba con la mirada antes de negar. Le regalo una sonrisa de disculpa que atraviesa sus defensas y lo obliga a corresponderme el gesto.
—Descansa, cariño —murmura entrando a su habitación.
—Dulces sueños, Vlad.
Me escabullo al interior de mi habitación con el corazón corriendo a mil por hora.
Kellan se deja caer en la orilla de la cama con cara de quien acaba de esquivar un camión que iba en su dirección fuera de control.
—¡Creí que se me iba a salir el corazón! —Me río ante su gesto pálido.
—Tu tío tiene demasiados motivos para dispararme, meterme así es uno de ellos. —Sacude la cabeza al mismo tiempo que se quita su chaqueta para ponerse cómodo.
La risa y los nervios siguen en mi torrente incluso después de haberme puesto el pijama y estar lista para irme a dormir. Kellan revisa algo en mi celular durante ese tiempo, sé que es algo que le pidió Drei que hiciera, pero no tengo idea de para qué sirve o qué es.
—¿Así se siente meter a tu novio a hurtadillas en casa? —Me dejo caer en la cama con la cara entre las almohadas—. Es demasiada adrenalina para mi.
—Jamás vayas a hacer eso, Nira —Su tono es severo—. Jamás metas a un chico en tu habitación a escondidas.
Su tono de regaño me hace sentir más curiosa que aludida. Me siento en posición de mariposa con una almohada entre las manos y una sonrisa divertida en los labios.
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Rojo Ascender
Sci-fiNira está consciente de que su vida no tiene ni una pizca de normalidad, solo hace falta ver su más grande secreto: Tiene una habilidad sacada de los cómics. La tiene desde que una extraña figura se presenta en sus sueños: una mujer de ojos rojos y...
