Capítulo 2

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¿Para que iba a estudiar filosofía si no tenía pregunta que hacerme a mí misma?

Los filósofos se cuestionaban todo, absolutamente todo y para todo tenían respuesta.

¿Que respuesta quería buscar yo en la vida si nada interesante me había pasado a mi?

Me encanta la filosofía, conocer sus dudas existenciales y la manera en que ellos veían la vida pero...

No logro a entenderla.

Le dije a César que no podía ir a comer con sus padres por qué tenía exámenes que hacer.

Él no le pareció mal y para mí fue más fácil.

Yo quedé con Abigail a la puerta de la universidad para ir a esa absurda manifestación.

Pero el problema es que me quedé dormida, he dormido una siesta larga.

Cuando miré mi móvil, tenía un montón de mensajes y llamadas perdida.

Me dijo que la manifestación empezaba a las ocho de la tarde y ya era las nueve y media de la noche.

Le mandé unos mensajes diciéndole que me quedé dormida, que me vestía e iba hacia allí.

A ver qué ocurrirá.

<< ... >>

Me presenté a la universidad sobre las diez y media de la noche, me encontraba en la acera frente a la universidad.

Ni de puta coña iba a cruzar la calle.

Había un montón de chicas fuera de la universidad con carteles manifestando el arreglo de su residencia y había mucha gente de la calle discutiendo con ellas por el jaleo que estaban formando.

Decidí llamar a Abigail y lo cogía preguntándome dónde estaba.

Le pedí que cruzará la calle, subía mi brazo para que me reconociera y me miró captando mi atención.

Me hizo caso y cruzaba la calle rápidamente.

—Joder, Dafne, has venido dos horas más tarde.—dijo Abigail quejándose por mi tardanza y yo suspiré profundamente por ello.—

—¿Y que quieres? Me he quedado dormida.—respondí de forma borde.— ¿Que está pasando?—

Abigail desvío su mirada hacia la manifestación y luego me volvía a mirar.

—Vino la policía hace rato por el escándalo público que estaban haciendo, las chicas huyeron pero han vuelto y han bajado vecinos de los edificios alrededores por el mismo motivo, van a volver a llamar a la policía.—

—Ah, pues yo no pienso ir hacia allí, paso de líos.—

—Yo también... me ha hablado mi novio, me ha dicho que vaya a la discoteca donde está él.—

—¿A una discoteca? ¿A cuál?—

Two Kisses.

Puse una mueca sin tener ni idea.

—Me ha dicho que trabaja un amigo suyo y que nos pondrá las copas gratis, vamos.—

Me miré a mi misma por qué no iba vestida adecuada para ir a una discoteca, unos pantalones acampanados de color azul claro, una sudadera de color lila y unas deportivas negras.

La volvía a mirar alzando mis cejas.

—Abigail, no estoy bien vestida.—

—Ni yo tampoco, además que no es un sitio lujoso, es una discoteca normal.—dijo.— Vamos a tomar el bus y vamos, venga.—

Fatídico Donde viven las historias. Descúbrelo ahora