Madison y Vincent son estudiantes de instituto cuyos caminos se cruzan de manera inesperada. Madison, una chica sencilla y amable, se enamora de Vincent, el chico rebelde y popular del colegio. Lo que Madison no sabe es que su relación con Vincent f...
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La mañana había comenzado como cualquier otra, aunque se sentía un poco extraña después de nuestro fin de semana en la montaña. El regreso a la rutina siempre tenía esa sensación de pesadez, pero al menos estábamos bien descansados. Estaba en la cocina desayunando con James y Roger, quienes, como siempre, estaban enfrascados en alguna discusión amistosa.
—Te lo digo, Maddie —dijo James con emoción mientras devoraba su tazón de cereales—, ¡me voy a hacer del Barça! ¡Es el mejor equipo!
Lo miré con los ojos entrecerrados, fingiendo estar horrorizada.
—¿Cómo que del Barça? —respondí mientras untaba mermelada en mi tostada—. Claramente, tienes que ser del Real Madrid. ¡Es el equipo de los campeones!
James frunció el ceño, siempre encantado de debatir conmigo, mientras se cruzaba de brazos en su silla.
—No, el Barça es mucho mejor, además, a papá también le gusta el Barça —dijo con orgullo, como si eso cerrara el tema.
Antes de que pudiera responder, Roger, intervino desde la otra punta de la mesa, sonriendo divertido.
—Chicos, chicos, todo eso está muy bien, pero el verdadero deporte es el fútbol americano —dijo, mientras agitaba su taza de café—. James, tienes que empezar a ver más partidos de la NFL y animar al equipo de fútbol americano de Texas. Eso sí que es un deporte de verdad.
James miró a Roger con ojos brillantes, intrigado.
—¿Más emocionante que el fútbol? —preguntó, inclinándose hacia adelante.
—Mucho más —respondió Roger, guiñándole un ojo—. Y si sigues mis pasos, te enseñaré todo lo que necesitas saber.
Yo, por mi parte, me reí entre dientes, dándome cuenta de que esa conversación estaba destinada a nunca tener un ganador claro. Terminé mi desayuno y me levanté de la mesa.
—Bueno, mientras discutís sobre qué deporte es mejor, yo voy a terminar de prepararme —dije, tomando mi mochila—. Tenemos que salir en diez minutos.
Roger asintió, poniéndose de pie también. Al cabo de un rato, estábamos todos en el coche, listos para el día. Roger dejó primero a James en su colegio, mientras James seguía preguntándole detalles sobre los equipos de fútbol americano de los que había hablado antes. Luego me tocó a mí. Mientras nos acercábamos al instituto, vi a Vinnie de pie frente a la entrada, esperándome.
—Gracias por el desayuno, papi —dije mientras abría la puerta—. Nos vemos más tarde.
—Diviértete en clase, Maddie —respondió Roger, sonriendo—. Y buena suerte con el entrenamiento.
Cerré la puerta y corrí hacia Vinnie, que ya me había visto. Sonrió cuando me acerqué y me recibió con un beso suave, uno de esos que me hacía olvidar que estábamos en la entrada del instituto y que todos podían vernos.