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El día de la graduación finalmente había llegado, y allí estaba yo, en mi habitación, mientras mi abuela Margot, la madre de mi padre, me ayudaba con el vestido

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El día de la graduación finalmente había llegado, y allí estaba yo, en mi habitación, mientras mi abuela Margot, la madre de mi padre, me ayudaba con el vestido. Habíamos pasado la mañana en un salón de belleza juntas, y debo admitir que había disfrutado cada segundo de ese rato con ella. Era una mujer increíble, con sesenta y dos años, pero no los aparentaba en lo absoluto. Siempre tan elegante, tan firme, como si el tiempo apenas la tocara.

Mientras me arreglaba el vestido con sus manos delicadas, pero firmes, me observaba en silencio, como si quisiera grabar ese momento para siempre en su memoria. La verdad, ese sentimiento era mutuo. Aunque me ponía nerviosa todo lo que estaba por venir, sentir a mi abuela cerca me daba una paz que no podía explicar.

-Maddie, cariño, te ves espectacular -me dijo, sonriendo con orgullo. Su mirada estaba llena de amor, y por un segundo pensé en todo lo que ella y mi abuelo habían pasado para construir esta familia, para que yo llegara hasta aquí. Me sentí pequeña, pero también llena de gratitud.

-Gracias, abuela -respondí, sonriéndole de vuelta mientras me miraba en el espejo. El vestido era justo como lo había soñado: elegante, sencillo, pero con ese toque especial que me hacía sentir única. Sabía que Vinnie se iba a quedar sin palabras cuando me viera.

Mi abuela salió de la habitación después de un último retoque, dándome un beso en la frente y llamando a mis padres para que entraran. Mientras esperaba, tomé una respiración profunda, intentando controlar los nervios que comenzaban a revolotear en mi estómago.

Mis padres, entraron con una mezcla de orgullo y melancolía en sus rostros. Mi padre, siempre el más serio, parecía contener una emoción que pocas veces mostraba.

-Estás preciosa, Maddie. No puedo creer lo rápido que ha pasado todo. - Papá se acercó, colocándome las manos sobre los hombros. Lo miré a los ojos y por un segundo sentí esa conexión de siempre, la seguridad que siempre me había dado.

-Gracias, papá. No podría haberlo hecho sin vosotros.

Roger, como siempre, con su actitud más relajada pero igual de afectuosa, me dedicó una sonrisa mientras se acercaba.

-Sé que te lo he dicho antes, pero voy a repetirlo: estamos muy orgullosos de ti, Maddie. No puedo imaginarme esta casa sin ti, pero sé que Yale te espera, y que lo harás increíblemente bien. -Su voz tembló un poco al final, y eso fue suficiente para que mis ojos se llenaran de lágrimas. Me dolía tanto pensar en irme, pero sabía que era lo que tenía que hacer.

Miré a Roger, mi padrastro, y por un momento no me importó más que decir lo que realmente sentía. Había sido mi roca, mi guía, y nunca le había agradecido lo suficiente.

-Roger... No necesito una madre, porque tú has sido todo lo que necesitaba. Eres el mejor sustituto, el mejor apoyo que pude tener. Me has comprendido, ayudado y querido, más de lo que podrías imaginar. -Mis palabras salieron con un nudo en la garganta, pero era algo que necesitaba decir. Sus ojos se llenaron de lágrimas, y me abrazó, fuerte, como si no quisiera dejarme ir.

Cardigan || Vinnie Hacker Donde viven las historias. Descúbrelo ahora