La familia Miller era, en apariencia, una familia perfecta. Poderosa, sofisticada, con influencia en los círculos más exclusivos de la sociedad. Eran conocidos por su riqueza y por tener entre sus filas a algunos de los profesionales más destacados del país, un alfa cualquiera convertido en el renombrado doctor Miles Miller, uno de los mejores médicos del mundo. Su prestigio era inigualable; cualquiera que escuchara el apellido Miller lo asociaba con éxito, elegancia y un estándar de vida inalcanzable para la mayoría.
La matriarca de la familia, Evelyn Miller, era una mujer alfa imponente, tanto en su presencia como en su carácter. Organizaba eventos de caridad que siempre aparecían en las revistas de alta sociedad, y se aseguraba de que la familia Miller siempre fuera vista como filantrópica y honorable. Cada hijo de la familia tuvo su destino trazado desde el momento en que nació, y cualquier desviación de ese camino no solo era mal vista, sino casi imperdonable.
Los hijos Miller, Liam y su hermano Anthony, crecieron bajo una enorme presión para ser tan perfectos como su imagen pública. Anthony, el menor, el único omega en esa casa, el carisma de la familia y era visto como el ejemplo perfecto de lo que la sociedad creia que debía ser un omega: era completame bello para la vista, educado, respetuoso y siempre con una sonrisa amigable. En contraste, Liam, quien había sido criado con expectativas aún mas grandes. Como el mayor, debía ser el heredero natural de todo lo que la familia había construido, un líder.
Detrás de la fachada de perfección, las tensiones internas eran evidentes. La presión para mantener las apariencias sofocaba a todos los miembros, pero en especial a Liam. Aunque de cara al público, los Miller eran la imagen de la unidad y la excelencia, dentro de su hogar, las cosas eran diferentes. El control absoluto de Miles y la frialdad calculadora de Evelyn creaban una atmósfera asfixiante. Los hijos no eran más que piezas en un tablero de ajedrez para avanzar los intereses de la familia, y cualquier indicio de debilidad o fracaso se ocultaba con una sonrisa de perfección. Desde pequeños, solo se tenían el uno al otro, ambos se cubrían las espaldas, aprendieron a obedecer sin chistar, por medio de golpes, insultos y amenazas.
Liam, al principio era obediente como una máquina, para protegerse y prpteger a su querido hermano. Y aunque intentaba proyectar la misma imagen que su familia, en su interior la frustración hervía. Para él, la perfección era una prisión, siempre había resentido el peso de ser parte de la familia Miller, de ser hijo de su padre.
A pesar de todo el reconocimiento, el poder y la constante alabanza que recibían los Miller, siempre había una sombra que los cubría. Por mucho que intentaran ser la familia perfecta, siempre quedaban por debajo de una familia en particular. La familia Cipher, con su sofisticación innata y su imperio más vasto, parecía estar a años luz en términos de influencia y respeto. No importaba cuán perfectos fueran los Miller, los Cipher siempre los superaban con facilidad.
Desde pequeño, Liam había crecido con la comparación constante entre su familia y los Cipher. Sus padres, que parecían tener una obsesión con esa familia, aun mas su padre si se permite decirlo, llenos de aspiraciones sociales, siempre hablaban de cómo aplastar a esa familia sería la cúspide del éxito. No era solo que los Cipher fueran mejores en negocios o que tuvieran más influencia; era que parecían no tener que luchar por ello. La atención, el respeto, la admiración: todo parecía llegarles de manera natural.
Liam nunca entendió del todo el odio visceral de su familia hacia los Cipher. Para él, toda esa rivalidad no tenía sentido, especialmente porque ningún mienbro de esa familia, les habían hecho nada directamente. Mientras crecía, solo hacía lo que le decían, cumpliendo con las expectativas que sus padres, especialmente su padre, habían puesto sobre sus hombros. Desde muy joven, Liam fue programado para creer en la supremacía de los Miller, y en el deber que tenía de proteger el honor de la familia. Sin embargo, no compartía la misma pasión ni el mismo rencor hacia los Cipher que su padre tenía.
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Omega de oro
FanfictionEn su primer día en la universidad, Ford accidentalmente derramó café sobre un desconocido. El extraño, con una sonrisa amable, aceptó el pañuelo ofrecido y se fue. Al ver su rostro hermoso, Ford quedó profundamente impresionado. En ese instante, n...
