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La lluvia caía con fuerza, como si el cielo compartiera la tensión que se sentía en el aire. El viento gélido recorría las calles de la ciudad, pero nada de eso me importaba. Mi mente estaba centrada en una sola cosa: la misión que teníamos entre manos.
Saori caminaba a mi lado, tan tranquila como siempre, pero yo podía sentir la tensión en su cuerpo. Sabíamos que este no sería un trabajo fácil. Infiltrarnos en las filas del Shie Hassaikai para recopilar información crucial era un riesgo grande. No solo porque estábamos metidos hasta el cuello con uno de los grupos más peligrosos, sino porque todo lo que estaba en juego implicaba nuestras propias vidas. Pero más que nada, no quería que algo le pasara a Saori. Era lo único que realmente me preocupaba.
—Estás callado — me dijo ella, su voz suave, como siempre, pero con una mirada que me decía que lo notaba. Yo sabía lo que pensaba. No era la primera vez que me sumía en mis pensamientos mientras ella seguía su camino con determinación.
—Solo estaba pensando en lo que tenemos que hacer. Debemos mantenernos alerta —respondí, manteniendo la mirada fija en el frente.
—Lo sé — dijo con una sonrisa ligera —. Pero no dejes que eso te haga perder tu sentido del humor. Sabes que eso es lo que más me gusta de ti.
No pude evitar sonreír de vuelta, pero la verdad es que en esos momentos, el miedo me estaba carcomiendo por dentro. Me preocupara más por ella que por cualquier otra cosa, aunque no quería mostrarlo.
La misión consistía en obtener información crítica sobre las operaciones del Shie Hassaikai, especialmente sobre su líder, Overhaul, quien había estado causando estragos en la sociedad con su poder destructivo. Sabíamos que nuestras habilidades serían puestas a prueba como nunca antes, y la posibilidad de un encuentro con la Liga de Villanos también era real. La amenaza de su presencia siempre estaba latente en estos entornos clandestinos, especialmente con miembros como Mr. Compress, que había mostrado una fascinación extraña por los héroes.
El plan era simple: infiltrarnos como aliados y ganar la confianza suficiente para obtener la información necesaria. Pero nada nunca era tan fácil.
Mientras nos acercábamos a la base secreta de los Hassaikai, sentí el peso de la tensión en mis hombros. A pesar de que Saori parecía mantenerse calmada, yo sabía que ambos sentíamos lo mismo: el temor de no regresar. Pero eso no nos detuvo.
De repente, la luz de la entrada se apagó y se encendió otra vez. Era nuestra señal. Nos colamos por la entrada lateral, aprovechando la oscuridad para escondernos en las sombras.
—Recuerda, no podemos hacernos notar — susurró Saori, su voz firme y decidida.
Nos movimos como sombras, nuestras siluetas fusionándose con la oscuridad. El lugar era impresionante, con una compleja red de pasillos que se extendía en todas direcciones. Los pasillos eran oscuros, con luces tenues, pero sabíamos que al final de cada rincón podía haber un enemigo esperando. Nos concentramos en seguir adelante sin llamar la atención.