XLII

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La batalla había dejado el ambiente cargado, los ecos de la pelea aún retumbaban en los pasillos como si las paredes mismas contuvieran la furia de los ataques

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La batalla había dejado el ambiente cargado, los ecos de la pelea aún retumbaban en los pasillos como si las paredes mismas contuvieran la furia de los ataques. Respiré profundamente, dejando que el calor residual de mi Quirk se disipara mientras el grupo se organizaba en una breve pausa para recobrar fuerzas. Cada segundo contaba. Teníamos que encontrar a Eri y sacarla de allí, pero el lugar era un laberinto que parecía diseñarse para atrapar a cualquiera que se atreviera a entrar.

Deku, Shoto, Bakugo, Saori y yo avanzamos con pasos silenciosos, nuestros ojos escaneando cada rincón, cada sombra. Mis sentidos estaban alerta, y podía notar la tensión en cada uno de mis compañeros. Nadie hablaba. Las miradas intercambiadas entre nosotros decían lo suficiente: no había margen de error. Aunque todos mostraban valentía, podía sentir sus temores, especialmente en Deku y Shoto, quienes parecían profundamente afectados por la idea de una niña como Eri atrapada en manos de Overhaul.

Sentí una mano cálida en mi brazo, y al mirar, encontré los ojos serenos de Saori. Ella no dijo nada, pero en su mirada encontré esa tranquilidad que tanto me ayudaba a centrarme. Ese instante me recordó que ella estaba allí, a mi lado, enfrentando lo mismo.

—Avanzaremos en dos equipos — murmuró, mirando a los demás con firmeza —. Bakugo y Shoto, conmigo. Deku, Touya, tomaremos el otro camino. Eri podría estar en cualquiera de estas secciones.

Bakugo frunció el ceño.

— Sé trabajar solo — murmuró, pero no discutió. La importancia de la misión pesaba en todos nosotros, y había un respeto tácito entre el grupo; sabíamos que cada uno daría lo mejor de sí.

Saori y yo compartimos una última mirada antes de separarnos, y supe que su preocupación igualaba la mía. Cuando ella y su equipo desaparecieron en la penumbra del otro pasillo, respiré hondo y me concentré en el entorno. Deku estaba a mi lado, y aunque su expresión mostraba valentía, también noté la leve rigidez en su mandíbula, un signo de la presión y la ansiedad que sentía.

— Esto es algo diferente a los entrenamientos, ¿no? — dije en un intento de romper un poco la tensión. Deku me miró y sonrió ligeramente, asintiendo.

—Sí, pero no pienso retroceder ahora — respondió con convicción. Aprecié esa tenacidad. A pesar de su inexperiencia en este tipo de misiones, podía ver en él la esencia de un verdadero héroe.

Seguimos avanzando, y a medida que el tiempo pasaba, el lugar parecía cada vez más opresivo. Las luces parpadeaban débilmente en los largos corredores, proyectando sombras inquietantes. Cada crujido de las paredes o sonido lejano nos hacía detenernos, evaluando si habíamos sido descubiertos. Era un ambiente hostil, y el conocimiento de que Overhaul estaba cerca intensificaba la sensación de peligro. Sabíamos que no se detendría por nada para evitar que nos lleváramos a Eri.

Llegamos a una bifurcación en el camino, y allí, al otro lado del corredor, había una puerta metálica que llamaba la atención. Me acerqué lentamente, y un sonido apenas perceptible llegó a mis oídos. Eran sollozos leves, como si alguien estuviera tratando de contener el miedo. Miré a Deku, quien asintió con una expresión de alerta.

Giré el pomo de la puerta, abriéndola con el máximo sigilo posible. La visión que tuve dentro me rompió algo en el pecho. Eri, acurrucada en una esquina, temblaba visiblemente, su pequeño cuerpo apenas cubierto con una manta delgada y gastada. Su cabello blanco caía sobre sus ojos, y sus brazos rodeaban sus rodillas en una posición de absoluta vulnerabilidad. La imagen de una niña tan pequeña, aislada y con esa expresión de terror absoluto, me llenó de rabia y una determinación aún más feroz. Deku dio un paso hacia ella, tratando de no sobresaltarla.

— Eri — murmuró, con una dulzura que contrastaba con la frialdad del entorno —. Estamos aquí para ayudarte. Vamos a sacarte de aquí.

Eri levantó la mirada, sus ojos grandes y llenos de miedo. Por un instante, se quedó inmóvil, dudando. Podía ver en su mirada el dolor y la desconfianza que el tiempo con Overhaul le había dejado. Pero cuando sus ojos se encontraron con los de Deku, pareció reconocer una sinceridad que le dio un poco de esperanza. Dio un paso hacia él, pero antes de que pudiera acercarse, un estruendo sacudió la habitación.

El sonido de pasos resonó detrás de nosotros, pesados y decididos. Giré rápidamente, listo para enfrentarme a quien fuera, pero el frío en mi pecho me indicó quién estaba allí antes de que lo viera. Overhaul estaba de pie en el umbral de la puerta, sus ojos fulminantes y llenos de una ira contenida.

—No se llevarán a mi creación — murmuró con una voz glacial, sus manos envueltas en esa energía oscura y amenazante que caracterizaba su Quirk.

Pude sentir a Deku tensarse a mi lado, y con una rápida señal, le indiqué que protegiera a Eri. Era una decisión arriesgada, pero sabía que tenía que hacerle frente a Overhaul para ganar tiempo. Respiré hondo, dejando que el calor de mi Quirk se intensificara. No podía permitirme dudar.

Overhaul no perdió tiempo y se lanzó hacia nosotros, su Quirk desintegrando el suelo a su paso. Me moví con rapidez, esquivando sus ataques y contrarrestando con ráfagas de fuego, obligándolo a retroceder. A cada movimiento, la intensidad de su Quirk me recordaba lo peligrosamente hábil que era; un solo toque, y acabaría en un instante. Pero no iba a ceder, no mientras Eri y Deku estuvieran en peligro.

De repente, escuché la voz de Saori desde el otro lado del pasillo. Ella, junto con Shoto y Bakugo, había llegado en el momento justo. Shoto utilizó su hielo para bloquear el avance de Overhaul, creando una barrera que nos dio unos segundos de respiro.

—¡Touya, mantén la distancia! — gritó Saori mientras se lanzaba hacia Overhaul, sus movimientos rápidos y precisos. Juntos, los tres formamos una formación alrededor de él, coordinando ataques de fuego y hielo mientras Bakugo lanzaba explosiones que desorientaban al villano. Cada golpe, cada ataque era ejecutado con precisión; no había espacio para errores.

Deku, mientras tanto, sujetaba a Eri con suavidad, susurrándole palabras tranquilizadoras. Eri temblaba aún, pero observaba la pelea con una mezcla de asombro y temor. Pude notar cómo sus ojos comenzaban a comprender que estaba siendo rescatada.

La pelea continuó, y la fuerza de Overhaul comenzaba a menguar, aunque su Quirk seguía siendo un riesgo mortal. Vi en los ojos de Saori la misma furia contenida que sentía yo. Por cada vez que Overhaul intentó manipular a Eri, por cada momento de sufrimiento que ella había soportado, había un golpe más fuerte de nuestra parte.

Finalmente, en una rápida combinación de ataques, logramos arrinconarlo. Bakugo lanzó una explosión final, y Shoto utilizó su Quirk para crear un muro de hielo que lo atrapó en su lugar, debilitado y sin escapatoria.

La batalla había terminado. El silencio llenó el espacio cuando el eco de la última explosión se desvaneció. Nos miramos, agotados, cada uno de nosotros sintiendo el peso de lo que habíamos logrado. Eri, sin embargo, era quien aún capturaba mi atención. Aún temblorosa, se aferraba al brazo de Deku, buscando consuelo en su mirada amable.

Saori caminó hacia ella, y con la suavidad que siempre me había asombrado en ella, se inclinó y acarició su cabello. 

—Eri — susurró —, ya estás a salvo. Nadie volverá a hacerte daño.

Eri la miró, y por un instante, vi algo que me conmovió profundamente: una chispa de esperanza en sus ojos. Aún débil, aún temerosa, pero era el primer paso hacia su recuperación.

Middle; Todoroki Touya.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora