XXXIX

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En la penumbra de la noche, mientras el polvo de la batalla se asentaba y el silencio se restablecía a nuestro alrededor, el cansancio en mis músculos y la adrenalina aún vibrante en mis venas parecían las únicas constantes

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En la penumbra de la noche, mientras el polvo de la batalla se asentaba y el silencio se restablecía a nuestro alrededor, el cansancio en mis músculos y la adrenalina aún vibrante en mis venas parecían las únicas constantes. El calor de Touya a mi lado era algo tangible, sólido, un ancla en el caos que apenas comenzaba a disiparse. Habíamos completado la misión, sí, pero el peso de todo lo que había pasado no desaparecía con un simple suspiro de alivio. Caminábamos en silencio, rodeados por el eco de nuestras pisadas y el susurro de los árboles bajo el cielo oscuro. A cada paso, me preguntaba cómo había cambiado tanto la naturaleza de nuestra relación, de nuestro vínculo, que ahora se sentía tan profundo y lleno de algo que apenas podía poner en palabras.

Habíamos sido llamados para supervisar un entrenamiento especial con la clase de Shoto, un ejercicio que prometía ser desafiante pero controlado. Sin embargo, la situación dio un giro tan abrupto que apenas pudimos entenderlo. En un abrir y cerrar de ojos, nos vimos envueltos en un enfrentamiento que poco tenía de controlado. Todo comenzó como un murmullo en el viento, una vibración extraña que advertía de algo más grande que nosotros. Fue Touya quien primero sintió la alteración en el ambiente; lo vi detenerse por un segundo, sus ojos llenos de la determinación de quien sabe lo que vendrá, y una voz baja salió de sus labios, un simple "cuidado" que resonó en mi pecho como una alarma.

Frente a nosotros, las sombras parecían cobrar vida, formándose y creciendo hasta que se hicieron visibles los enemigos, rodeándonos a todos. Se movían con una rapidez y precisión inusitadas, más allá de lo que esperaría en un simple ejercicio o combate amistoso. Todo era frío, calculado, y en segundos comprendí que estábamos ante un ataque real. No tuve que mirar a Touya para saber que él también lo había comprendido. Con solo un intercambio de miradas, todo estaba claro. No éramos simplemente dos héroes peleando en paralelo; éramos un equipo en sincronía perfecta. Él cubría mi espalda, y yo la suya, sin palabras, sin dudas, con la certeza de que podía confiar plenamente en cada movimiento que hacía.

—¡Quédense juntos! — le ordené a los estudiantes, viendo cómo el miedo y la sorpresa cruzaban sus rostros, demasiado jóvenes aún para enfrentarse a un ataque tan brutal. Mis ojos captaron los gestos de cada uno de ellos: Midoriya, con su habitual determinación temblando bajo una capa de miedo; Bakugo, su rabia habitual suavizada por una chispa de incertidumbre; y Shoto, quien miraba fijamente a Touya, su rostro un lienzo en blanco, pero sus ojos, un torbellino de emociones. En algún nivel, sabía que para Shoto, ver a su hermano aquí, protegiéndolos, debía ser algo difícil de procesar.

Las órdenes de Touya resonaban en el aire mientras él se movía entre los enemigos y los estudiantes con precisión letal, su fuego crepitante iluminando los rostros atónitos de los jóvenes héroes. Había una determinación en él que nunca había visto antes, un fuego que no solo quemaba físicamente, sino también emocionalmente. En cada ataque que lanzaba, en cada vez que sus llamas repelían a los atacantes que intentaban separarnos de los estudiantes, había una promesa silenciosa: él haría todo lo necesario para protegerlos, para protegernos. Era como si su propia voluntad se hubiera convertido en algo visible, algo casi tangible que rodeaba cada acción y cada palabra.

Recuerdo un momento en particular, cuando uno de los enemigos se lanzó directamente hacia mí con una velocidad abrumadora. Fue un instante fugaz, un segundo en el que el tiempo pareció detenerse mientras mi mente procesaba la amenaza demasiado rápido para que mi cuerpo reaccionara. Y en ese instante, fue Touya quien se interpuso, su cuerpo convirtiéndose en un escudo entre el ataque y yo. El calor de su fuego me envolvió, la intensidad de sus llamas casi abrumadora, pero detrás de ellas, pude sentir la fuerza de su determinación, de su deseo de mantenerme a salvo. En ese breve momento, no era solo un acto de heroísmo; era una declaración silenciosa de lo que yo significaba para él, de cuánto estaba dispuesto a hacer para mantenerme a salvo.

—¿Estás bien? — preguntó, su voz ronca, sus ojos buscando los míos con una intensidad que me dejó sin aliento. Asentí, incapaz de articular palabra, sintiendo cómo cada fibra de mi ser resonaba con la fuerza de su protección.

Finalmente, cuando los últimos enemigos cayeron, el silencio volvió a envolvernos, solo roto por las respiraciones entrecortadas de los estudiantes y el crepitar ocasional de las llamas de Touya. Me volví hacia los chicos, que parecían aturdidos y asombrados, sus rostros una mezcla de emociones que hablaban de respeto, de temor y de admiración. Bakugo trataba de ocultar su agotamiento bajo una mueca de desdén, Midoriya nos miraba con una mezcla de gratitud y asombro, y Shoto... Shoto miraba a Touya con una expresión que no había visto antes, una mezcla de respeto y algo más, algo que rozaba la esperanza.

—¿Es así como siempre trabajan juntos? — preguntó Midoriya, su voz llena de respeto genuino, su mirada centrada en nosotros. Aun con el agotamiento y la tensión de la batalla, no pude evitar sonreír, sintiendo una calidez en el pecho que nada tenía que ver con las llamas de Touya.

—Es cuestión de confianza — respondí, mis palabras suaves pero llenas de convicción —. Cuando tienes a alguien a tu lado en quien puedes confiar completamente, no importa qué tan difícil sea la situación. No necesitas preocuparte por ti mismo, porque sabes que él estará ahí para ti.

Al decirlo, me volví hacia Touya, sintiendo que cada palabra era una verdad absoluta, algo que no solo decía para ellos, sino para mí misma.

La caminata de regreso a la base fue silenciosa, los chicos visiblemente agotados pero con una chispa en sus ojos que hablaba de crecimiento, de cambio. Shoto permanecía a nuestro lado, mirándonos en silencio, y aunque sus palabras eran pocas, podía sentir el peso de su respeto, de su comprensión. Había visto algo en Touya hoy, algo que quizás siempre había deseado ver: un hermano protector, alguien dispuesto a hacer lo que fuera necesario para proteger a los que ama. Era como si esta misión hubiera cerrado una brecha que durante años había existido entre ellos, una herida abierta que hoy comenzaba a sanar.

Después de despedir a los estudiantes, Touya y yo nos quedamos solos, caminando sin rumbo fijo bajo el manto estrellado del cielo nocturno. El aire era fresco, y en ese silencio compartido, las palabras parecían innecesarias, cada paso que dábamos uno al lado del otro hablaba más que cualquier cosa que pudiéramos decir. Finalmente, encontramos un lugar apartado, un claro en el bosque desde donde podíamos ver las estrellas en todo su esplendor. Nos sentamos en el suelo, uno al lado del otro, dejando que la tranquilidad de la noche se asentara en nosotros.

—Hoy... — comencé, mi voz apenas un susurro en la oscuridad —, me di cuenta de cuánto has cambiado, de cuánto hemos cambiado nosotros — Giré mi rostro para mirarlo, mis ojos buscando los suyos en la penumbra —. Estar contigo hace que todo parezca posible, Touya. Nunca pensé que podríamos llegar a este punto, que podríamos enfrentarnos a algo tan grande, y hacerlo como un equipo, como... algo más.

Él no dijo nada de inmediato, pero sentí su mano buscar la mía en la oscuridad, sus dedos entrelazándose con los míos con una suavidad que contrastaba con la ferocidad que había mostrado antes. En la penumbra, vi cómo su rostro se suavizaba, cómo sus labios esbozaban una leve sonrisa que apenas iluminaba sus ojos, pero que reflejaba algo mucho más profundo.

—Yo también siento lo mismo — susurró finalmente, su voz ronca y llena de una vulnerabilidad que rara vez mostraba —. Estar contigo... le da sentido a todo. Me hace querer ser mejor, ser alguien digno de estar a tu lado.

Nos quedamos en silencio, mirándonos bajo el cielo estrellado, y en ese momento, comprendí que Touya no era solo mi compañero en batalla; era mi hogar, mi ancla, mi otra mitad. Supe, sin necesidad de palabras, que no importaba qué desafíos vinieran, mientras estuviéramos juntos, podríamos enfrentarlos todos.

Middle; Todoroki Touya.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora