40- Por los dos

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Óscar

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Óscar

El piloto del avión acaba de anunciar que aterrizaremos en Miami en unos minutos. Isabela duerme tan plácidamente a mi lado que no existe ningún interés de levantarla, por lo menos no ahora. Me encargo de su cinturón de seguridad y luego del mío. Observo por la ventana como el cielo se encuentra totalmente oscuro, pero la ciudad se ve iluminada por todos los edificios que posee. Mi corazón quiere oprimirse sobre mi pecho al percatarse que estoy a punto de volver a mi hogar, donde crecí y me convertí en quien soy, pero sin embargo siendo consciente de que ella ya no está aquí.

Desde que tengo memoria lo más emocionante de volver a casa, era poder pasar tiempo con mi familia. Pero hoy en día mis padres no residen en aquella casa que llamé hogar por mis primeros dieciocho años de vida y peor aún mi familia ya no está completa.

Sé que cada persona lucha con la perdida de alguien de manera diferente, muchos suelen decir que con el tiempo el dolor disminuye, pero para mí no ha sido así, por lo menos no hasta ahora. Lo único que he podido hacer es aprender vivir con él.

Visualizo la hora de mi celular cuando la azafata avisa que es seguro bajar, faltan cuarto para las nueve y lo único que deseo es llegar a una cama. Sé que debí aprovechar las horas del vuelo para descansar, pero al contrario comencé a organizar mi semana, estará simplemente congestionada de trabajo. Al momento de inaugurar un nuevo hotel, hasta los detalles más pequeños se vuelven extremadamente importantes.

Guardo cada una de mis pertenecías luego de quitarme el cinturón de seguridad. Mis ojos se dedican a admirar Isabela, duerme tan plácidamente que me parece tortura tener que interrumpir su sueño. Llevo mi mano a su mejilla para dejar algunas caricias sobre esta.

—Piccolina, hemos llegado—digo en un suave susurro mientras mi otra mano se dedica a apartar algunos mechones que habían cubierto parte de su rostro.

Noto como sus ojos se abren solo un poco para luego volver a cerrarse con fuerza, permanecen así unos segundos para después volver abrirse en su totalidad.

—¿Llegamos? —su voz es apagada por causa del sueño.

—Sí, —Le respondo mientras mis dedos siguen acariciando su suave piel— te llevaré a tu casa para que puedas seguir descansado.

—Por favor—Mi corazón amenaza con sufrir un infarto cuando ella hace un leve puchero con su labio inferior.

Por favor, Dios, si todo esto es un maldito sueño, no te atrevas a despertarme. Permíteme vivir en este mundo alterno donde ella está a mi lado. Porque cualquier realidad que exista donde ambos no le estemos intentando, suena un mundo lleno devastador que no me interesa experimentar.

—¿Estás bien? —ella pregunta.

—Con algo de sueño, pero bien ¿por?

—Te ves, perdido, digo en tus pensamientos.

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⏰ Última actualización: Nov 24, 2024 ⏰

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