|Capitulo 05

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05|FIESTA

|AILEEN|

Sus ojos grises se clavan en los míos. Tan intenso que de una manera u otra mi cuerpo y mi respiración pacífica se agita. Tiene algo magnético que te atrae a querer más. Enderezo mi barbilla para no demostrar vulnerabilidad. Una risa ronca sale de sus labios. Paso saliva por mi garganta. Mi cuerpo quema, mis piernas están débiles y temblorosas.

Ivette carraspea llamando nuestra atención. Centro mi vista a ella y por el rabillo de mi ojo observo como él se ha alejado de mí. Me permito respirar con normalidad. Ni siquiera me había percatado que retuve mi respiración.

¿Por qué lo hice?

En cuanto salimos el cielo se ha teñido de un manto azul oscuro alumbrando con esas esferas de luz que conocemos como estrellas. Ivette se sube en el asiento copiloto y, su charla con Lysander empieza. Yo me hundo en unos de los asientos traseros mirando por la ventana. Mi cuerpo está presente a diferencia de mi mente, divago en posibles escenarios con los que me visualizo con mis padres. Ellos deben de tener una explicación tras su abandono.

Soy una ilusa.

Si me abandonaron es porque no me quieren. Debería dejar de creer que si llego a conocerlos ellos se van a emocionar. Lo más posible es que rompan mi corazón en miles de fragmentos. Debo de retractarme en mi decisión sobre saber el paradero de Evelyn y el de mis progenitores.

Evelyn lo más seguro es, que ya ha formado una familia.

Mis padres, no sé si sigan con vida. O si están en el país.

Elevo mis ojos al espejo retrovisor y me veo exaltada. Sus ojos están de nuevo puesto en mí. ¿Qué le pasa a este chico? Una punzada de alivio me invade cuando desvía la vista a la carretera.

La fiesta se lleva a cabo en una mansión de cuatro niveles. Es propiedad de una familia adinerada que al parecer deja la casa a sus hijos mientras ellos se ausentan por viajes de trabajo. La entrada está repleta de automóviles estacionados, lo que complica el acceso. Aún no he entrado y me siento: sofocada, incómoda y abrumada. Un grupo de jóvenes conversa con bebidas en mano mientras otros se escabullen en los rincones más oscuros, próximos a los arbustos en busca de intimidad. La música moderna resuena con fuerza, llenando el ambiente de vibraciones.

Soy la última en salir del auto, tomando una profunda bocanada de aire.

—No tan rápido, muñequita —su mano se enrosca en mi muñeca atrayéndome cerca de su cuerpo. Su sonrisa engreída me dan ganas de borrarsela del rostro—. ¿Quieres que te guíe? Para que no te pierdas en esta gran casa desconocida.

—Deja de llamarme muñequita. No soy una muñeca.

—Yo te veo como una, delicada, hermosa y valiosa.

En otra ocasión cualquier chica se hubiera sonrojado por el cumplido.

Yo no.

Es decir, sus palabras no me causan nada. No me causa nada más que solo curiosidad. Mi corazón me contradice.

Maldición.

Mi corazón late con intensidad mientras lucho por deshacer la conexión que parece haberse establecido entre nosotros. Su presencia y su toque me desarma por completo, a pesar de mis esfuerzos por mantener la calma, hay un matiz en su voz que despierta un estremecimiento en mi interior.

Esto. No. Me. Gusta.

—Yo no necesito un guardaespaldas.

—No digas que no te lo advertí —murmura. Su aliento mentolado choca con mi piel. Mete su pierna por el espacio que dejan las mías, mi rostro enrojece. Un paso más y tocará mi... Niego alejando ese pensamiento.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora