|Capitulo 31

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Dejen su presente.

Ellos eran dos piezas que encajaban a la perfección, pero no eran del mismo rompecabezas. —Mario Benedetti.

31| TODO COMIENZO TIENE SU FINAL

|LYSANDER|

Mi instinto me lo gritaba, pero lo ignoré; sabía que esa amabilidad de Aurelio Marchetti era debido a un juego macabro que tenía bajo la manga.

Tan pronto como esos hombres invadieron el evento, la sala se convirtió en una tormenta de gritos, disparos y desesperación. Corrí para abrazar a Aileen; debíamos salir cuánto antes de este lugar. No me importaba lo que pasara con mi abuelo o con mi abuela Verónica. Hay una parte egoísta en mi interior; mis sentidos se alertan en proteger únicamente a la persona que amo: Aileen. Había confusión y miedo. Quería gritarle, quería reprocharle por ser tan terca, pero no había tiempo ni voluntad para hacerlo.

—Salgamos de aquí, amor —vocifero. Ella asiente, aterrada. La empujo hacia adelante; hay una salida que posiblemente de a la azotea del edificio.

—Ly... —Es lo único que dice. Detrás de ese «Ly», se esconde un mar de emociones; mi chica está asustada y no permitiré que salga herida.

—¿Para dónde creen que van?

Nos paralizamos en el acto. Por supuesto, nos tendieron una trampa y, como el par de estúpidos que somos, caímos.

—¿Qué demonios? ¿Ahora eres un asesino? —inquiero con un nudo en la garganta. En el fondo reconozco que la imagen de perfección que visualicé de mi abuelo, mi gran ídolo en mi adolescencia, solo fue un disfraz para ocultar el verdadero ser siniestro que es—. ¿Cuál es tu obsesión con tener el control en todo? ¿Tan infeliz eres que odias que los demás miembros de tu familia sean felices?

Aurelio nos apunta con un arma. Su pulso no tiembla, intercala su mirada entre Aileen, mi abuela Verónica y, por último, en mí. Una sonrisa burlona se expande por sus labios y las arrugas que se forman en su cara se hacen notorias.

—Te dije que esta chiquilla sería tu perdición.

—Aileen es el amor de mi vida.

—No seas ridículo —chasquea su lengua, con el ceño fruncido y un deje de irritabilidad—. El amor no existe; lo que existe es el control y el poder. Y yo estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para que el imperio que formé con tanto esfuerzo continúe en lo más alto. —Oculto a Aileen detrás de mi espalda; si un disparo escapa, que impacte en mi pecho, no en ella. Es mi prioridad cuidarla.

—¿Qué haces, Aurelio? —Es mi abuela Verónica quien formula la pregunta.

—Lo que debí haber hecho con Azrael —amenaza con apretar el gatillo—, matarlo. La mataré —Lo último lo masculla, refiriéndose a Aileen—. Nadie, ningún muerto de hambre o de bajo estatus se interpondrá en mi camino, aunque... si conoces el historial de la familia de tu noviecita. Su padre es un asesino a sueldo; nació en la mafia, creció en una organización de asesinos, mata sin piedad, es su fuente de trabajo... ¿De verdad estás dispuesto a seguir con una chica que te traerá más complicaciones de las que ya tienes encima?

—Si hablamos de comparaciones, entonces Aileen puede compararse conmigo, tú eres mi abuelo. El que seamos familia no significa que deba seguir tus pasos o sea como tú. No lo soy, no lo seré, nunca; las personas manipuladoras me dan asco. Ella no es como su padre —El simple hecho de que su boca sucia hable mal de mi chica me enfurece—. Yo no soy como tú.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? —bufa—. ¿Cuántos meses llevan conociéndose? ¿Cinco? ¿Seis? ¿Ya son novios? Lo que hace el amor.

Hay personas que creen en el amor a primera vista, hay otras que creen en la causalidad; yo, en general, creo en los lazos de la vida. Esos que te unen de forma inexplicable a una persona a pesar de las circunstancias. Y sé que lo que siento por Aileen va más allá de la razón; es un sentimiento profundo que me guía y me da fuerzas, es mi ancla en las tempestades.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora