|Capitulo 27

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He presentado problemas con este capitulo, pido disculpas por los posibles fallos ortográficos que encuentren.

Dejen su presente.

27| LOS LUCCHESE

|AILEEN|


—¿Mhm? —ronronea, apartando mi cabello de mi cuello—. ¿Te lastimé, mi amor?

Recupero la respiración, mi cabeza descansa contra su hombro y mis manos sobre su abdomen. El carnal pensamiento de lo que he montado me inunda la mente y mis mejillas se incendian. Estamos en las penumbras del estudio; él está en el sofá, con sus manos apretando mi trasero y mis piernas a cada lado de su cadera, hundido en mi interior. Ahueco su rostro uniendo nuestros labios.

—No me lastimaste —jadeo.

Su pecho sube y baja echando la cabeza hacia atrás; contemplo embobada la hermosa imagen que él me regala. Tiene un bonito sonrojo en sus mejillas, marcas cubren su pecho y hombros: las marcas de mis uñas. Una ligera capa de sudor le cubre la frente a pesar de que afuera el clima sea diferente al calor que sentimos.

Sus brazos caen a los costados, aflojando el agarre que ejerce en mis nalgas. Tan pronto como se retira de mi interior, una sensación de vacío me invade. Deposita mi cuerpo en el sofá mientras él se levanta rebuscando en los cajones unas toallas.

—No te duermas —advierte antes de que caiga envuelta en mi sueño—. Sé una chica buena.

Mis párpados están pesados; los músculos de mis piernas siguen tensos por la actividad anterior. Con las toallas húmedas, limpia los fluidos que quedaron en mis muslos, planta un cálido beso en mis mejillas y con su pulgar delinea mis facciones. Hay algo que amo después del sexo que tengo con mi novio, y es cómo soy tratada, como una frágil tacita de cristal.

—Ya está —Tira las toallas en una papelera y se dirige detrás del caballete, levantando una ceja—. Empieza a posar; quiero inmortalizar tu belleza.

Obediente, me acuesto sobre el sillón, apoyando mi cabeza en la palma de mi mano. Es la primera vez que alguien me quiere como su modelo. Al comienzo pensé que sería una tarea fácil. Descubrí que no lo es; el silencio que se cuela es sofocante. Él está concentrado en su cuadro. No estoy aburrida; las gotas de lluvia que golpean los cristales de la ventana me relajan.

—Eleva el mentón, no tanto —muerde su labio frustrado porque no comprendo la pose que quiere que realice. Se apresura con dos zancadas que acortan la distancia entre ambos, desliza sus pulgares por mi mandíbula y mis labios, capturando la posición que desea. Se aparta volviendo a su cuadro—. Así está bien; no te muevas —esbozo una sonrisa ladina al mirarlo. Un mechón de su cabello cae hacia adelante, por su frente hasta tocar su ceja—. Flexiona tus piernas.

Alguien está mandón...

Soy obediente a él, disfrutando de esta nueva faceta suya; cada día descubro sus nuevas pasiones y me fascina ser parte de ellas.

Él recorre su feroz mirada por mis piernas, brazos, abdomen, mi rostro, mis ojos. Es un proceso que repite sucesivamente para obtener lo que busca. Un cosquilleo se instala en las paredes de mi estómago; cada segundo que pasa se vuelve difícil de soportar la tensión que se está creando. Si seguimos por este camino, no podré sostenerme de mis piernas. Hace trazos en su lienzo; contengo la respiración en mis pulmones para no morir con el fuego que me quema. El fuego de su mirada. El muy descarado tiene una peculiar forma de mirar: entrecierra sus ojos como si estuviera acechando a su presa. Sabe lo que me provoca y continúa con sus provocaciones. No puedo pensar con claridad; mis pensamientos son una tormenta oscura y estoy dispuesta a caer en ella. Sus manos... Oh, dioses. He mencionado que cuando me habla en un idioma que desconozco es mi debilidad.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora