|Capitulo 22

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Dejen su presente aquí.

22| ATAQUE

|LYSANDER|


Mi calma me es abandonada; lo perdí en cuanto vi a esa mujer, la hermana de Aileen.

Una vez que supe que Aileen tenía una hermana llamada Evelyn, empecé a investigar a esta mujer. Todo fue en silencio, y las pruebas apuntaron a que ellas compartían cosas en común: como el mismo orfanato donde ambas fueron enviadas.

—¿Hasta cuándo vas a seguir jugando a las escondidas? —La presión que ejerzo sobre su brazo está empezando a lastimarla—. Desde un principio sabías dónde encontrar a tu hermana y no has hecho el mínimo esfuerzo en buscarla. Aileen ha sufrido por tu culpa, pensando si estarías bien o seguirías con vida. Ambas fueron abandonadas por sus padres. Lo siento, solo eran unas niñas que no debían haber pasado por todo eso, pero tú fuiste adoptada mientras que ella se quedó en aquel asqueroso orfanato donde los otros niños le hacían bullying y no te importó dejarla e irte.

Los labios de ella tiemblan, sus gafas de sol se resbalan del puente de su nariz y su cabello se ha desarreglado ante el brusco tirón que ejercí sobre ella minutos atrás. Tiene facciones parecidas a las de Aileen, como lo son la forma de sus ojos, sus cejas gruesas perfectamente depiladas y la sonrisa tímida que asoma cuando está nerviosa. A pesar de las similitudes físicas, su actitud es completamente diferente. Aileen es valiente y luchadora; ella parece más frágil y evasiva.

—Eres el chico de aquella vez.

—Tenías conocimiento de quién era; sabías que soy cercano a tu hermana —siseo con rencor. Mi padre me toma de los hombros echándome para atrás; la chica está aliviada de poder estar libre, acaricia su muñeca con una mueca, y sus amigas me escanean de arriba a abajo, murmurando.

—No sabes lo que he tenido que hacer para sobrevivir y no me arrepiento de nada. Déjame en paz. Si tanto te importa mi hermana, ve y bríndale tu ayuda. No quiero que me involucren con la familia Lucchese, ni con Finneas, ni con Dareen, ni con el sádico de Matheus. Quiero estar alejada de aquellos que tanto daño me han causado.

—¿Qué culpa tiene tu hermana en todo esto? Ella quiere encontrar a su hermana, a ti; es su deseo.

—Es un deseo estúpido. Dile que no quiero saber nada de ella ni de su estúpida vida. Para mí, Aileen está muerta; murió el día que nos separamos.

—Lysander, ya la escuchaste —habla mi padre, impaciente por irse—, deja a esta chica tranquila.

—¡No! —interrumpo, alzando mi voz. ¿Cómo puede ser tan insensible?  Se excusa con: me han dañado. Ella vive cómoda con sus padres adoptivos que, para su suerte, son dueños de varias empresas, al igual que mi abuelo. Su familia es muy conocida, adinerada y con prestigio—. Debes tener una explicación para que no quieras saber nada de tu hermana; ella es tu única familia.

La única a la que debería de importarle. Entonces, mi mente, que había captado una sola frase, conecta las demás.

—¿De qué Matheus estamos hablando?

—El mismo que es tu mejor amigo.

—Ese bastardo no es mi mejor amigo.

—Pero lo fue.

Aprieto mis puños; no encuentro cómo contradecirla, porque, maldición, sí, hasta hace poco creía que nuestra amistad era genuina.

—No me respondiste qué tiene que ver él en todo este asunto.

—Es primo de Aileen. Ese chico está mentalmente mal; tiene un trastorno que desarrolló con la pérdida de sus padres. Quiere vengarse del asesino de sus padres, que no es nada más y nada menos que Dareen, el padre de tu novia.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora