|Epílogo

20K 924 1.5K
                                        

Dejen su presente.

Aquí se explican los sucesos que tuvieron que afrontar Lyleen durante el año entero que pasó, en el cual se suponía que debían estar estudiando juntos en alguna universidad de Alemania.

EPÍLOGO |MI FAMILIA

|AILEEN|

Estos meses han sido, en el mejor de los casos, un desastre.

No viajé a Alemania. Sí y no. Es complicado. Estuve con Lysander tres semanas y, después, tras meditarlo, llorar, lamentarme y desvelarme tres días consecutivos, decidí regresar a Italia.

Con los hombros hundidos, los ojos rojos por las lágrimas que aguanté en el avión y un dolor que nadie más sabía que tenía. Porque no estaba sangrando. La herida no era superficial, era interna, en el fondo de mi corazón.

Me dolía haber dejado a Lysander. Lo ilusioné, le di esperanzas de que esta vez sí podríamos ser felices. Íbamos a estar en la misma universidad, cada uno estudiando lo que le apasiona, formando planes a futuro, como casarnos, como tener una casita cerca del lago y tener hijos. Un sueño. Un sueño que no pudimos cumplir. Por mi culpa. Por mi inestabilidad mental. Por el choque emocional que aún sigue presente.

El choque emocional de haberlo perdido todo, de haber perdido al Padre Darío, a mi hermana Evelyn, mis padres se volvieron a separar y, posiblemente esta vez, no haya segundas ni terceras oportunidades y se divorcien. Lo perdí todo en un abrir y cerrar de ojos, me perdí a mí, y ni yo me había dado cuenta.

Regresé a Italia con un objetivo.

Regresé para sanar.

Para ser una mejor persona.

Para ser feliz.

No voy a permitir ser masoquista y arrastrar a Lysander conmigo. Yo quiero que se supere, que cumpla sus sueños, que pueda ser feliz, incluso si eso significa que no sea conmigo y sea al lado de otra persona, de otra mujer, aunque, para ser sincera, me dolería verlo con alguien más. Lysander Marchetti es un chico maravilloso, talentoso, es un excelente novio, preocupado, detallista, es el estándar que busco en cualquier hombre y que estoy segura de que no volveré a encontrar. Ni en un millón de años.

Él estuvo dispuesto a hacer cualquier cosa para ayudarme. Había pasado noches en vela consolándome durante mis crisis de ansiedad, me abrazaba, besaba mi pelo y me susurraba al oído que todo estaría bien, que pronto esas pesadillas iban a parar, pero nunca pararon y yo empeoré. Quería ser mi medicina. Quería ser la cura para todo lo que me aquejaba. Pero la verdad era que una persona no puede ser la medicina de otra. Por más que Lysander me amara, por más que lo intentara, no podía arreglarme. Mi salud mental era una batalla que tenía que librar yo sola, con la ayuda de profesionales, no con el amor de un novio.

Entonces comprendí que tenemos que aprender a soltar y cerrar ciclos que nos hacen daño. Porque yo no quería volverme dependiente de su amor.

Debemos sanar por separado. Él lleva mucho peso sobre sus hombros que espero que, estando solo en Alemania, pueda reconsiderar y perdonarse.

Y, finalmente, las heridas que están abiertas puedan cicatrizar.

—Aileen, cariño, el desayuno está listo —grita mamá desde la planta de abajo. Termino de peinarme y pongo el cepillo sobre el tocador—. Se nos está haciendo tarde —Rueda la silla del comedor para que yo me siente a devorar el desayuno, el cual consiste en huevos revueltos, tocino crujiente y tostadas calientes—. Bon appétit —dice. El timbre de la casa suena, mamá tuerce los labios—. Ese debe ser el señor Lucchese.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora