|Capitulo 23

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Dejen su presente aquí.

23| CASA DE CAMPO

|AILEEN|

En la sala de espera del hospital está Ryle, ocultando su rostro dentro de la capucha de su sudadera que lleva puesta, sus dedos entrelazados, moviendo sus pies, impaciente.

—¿Dónde está mi hermano?

—En el tercer piso, habitación doscientos veinte —Señala hacia el elevador. Su tono de voz es cansado. Las náuseas, sumadas con la impotencia, golpean mi estómago: sus ojos están rojos y tiene el labio inferior partido, y un moretón reluce en su mejilla, producido por el impacto de un golpe o una caída. Las señales son demasiado obvias de que hubo una pelea—. Tus padres tienen alrededor de cinco minutos que llegaron, ve con ellos.

Antes de dirigirse al ascensor, Lysander se detiene.

—¿Vas a quedarte con Ryle?

—Sí.

—No tardaré.

Presiona el botón que lo llevará al piso que da a la habitación de su hermano; lo veo desaparecer en cuanto las puertas se cierran. Tomo asiento con Ryle, inclinando mi cuerpo hacia él para examinar su mejilla. Hace una mueca de dolor al tacto.

—¿Quién los agredió?

—Fueron unos tipos de la calle, nadie importante —Hay duda. Sus golpes se ven serios como para no ser "nadie importante"; lo hicieron con la intención de lastimarlos a los dos. No le creo. Él lo sabe. Suspira masajeando sus sienes dice—: Si los conozco, a unos de ellos, fue el tipo que ordenó que golpearan a Azazel. Yo me metí, me empujaron y me rompí el labio. Mis heridas no son graves.

—¿Qué gana con golpearlos?

—Alguien los contrató para hacerlo. El mismo tipo se delató, Blaze, dijo que básicamente yo le facilité el trabajo para encontrar a Azazel. Es mi culpa —argumenta, deprimido, jugueteando con una pulsera que está enroscada alrededor de su muñeca—. Arruino lo que está a mi alrededor. Quisiera ser como mi padre, fuerte, valiente, sin temer a nada ni a nadie, imponer autoridad, pero simplemente soy un contraste de lo que no se espera de mí: débil, estúpido y miedoso.

—No tienes que ser como tu papá. ¿Imagínate que el mundo se basara en ser exactamente iguales? Sería aburrido; cada quien tiene su propia esencia, eso que te hace ser tú. No digas que eres débil, estúpido y miedoso; no lo eres. Nunca lo serás.

—No entiendo cómo eres capaz de soportarme.

—Eres más que un amigo; eres mi hermano. ¿Recuerdas? No compartimos lazos sanguíneos y es lo de menos. Lo que importa es el vínculo que hemos creado, las experiencias que hemos compartido. He admirado tu capacidad de cuidar a los demás, incluso cuando te lastiman. Eso requiere una fortaleza que quizás no ves en ti mismo —Hago una pausa, apoyando mi cabeza en su hombro, que se sacude en un pequeño temblor—. Te juro que si vuelves a decir que eres débil, te voy a patear el trasero para que entiendas de una vez que no lo eres, ¡no eres débil!

—¿No lo soy? —bromea. Al menos le he sacado una sonrisa. Soy feliz si mi francés bonito lo es.

—No, no lo eres.

—Ryle —La calma abandona el cuerpo del pelirrojo. Se coloca de pie de un salto al escuchar unos pasos provenientes; son sus padres. Su madre ahueca su rostro con cara de preocupación, sus cejas se juntan y sus labios se aprietan—. Santo cielo, mira esos horribles moretones. ¿Qué sucedió, cariño?

Mi amigo retrocede, rompiendo el contacto con su madre. Observa a su padre por un breve segundo; puedo notar que su padre suaviza su expresión fría. No da oportunidad de que sus progenitores le sigan atacando con preguntas. Sale disparado por la salida.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora