Aclaración: Este fragmento estará ubicado en los próximos capítulos, (lo que leerán a continuación aún no ha sucedido). Si estás pasando por una situación difícil en tu vida, te recomiendo que no lo leas. Y antes de sacar conclusiones apresuradas, recuerden que no todo es lo que parece; hay una explicación detrás.
|PARTE 2
«Si quieres saber cuántas razones tengo para amarte, tendrás que contar mis latidos» - Ron Israel.
|LYSANDER MARCHETTI|
Advertencia: intento de suicidio.
(***)
¿Nunca experimentaron esa sensación de querer desaparecer?
No hablo de olvidar los problemas que te rodean a diario, esos problemillas que viven los adolescentes, como lo son, en las chicas al menos: no salir con un embarazo precoz, que tus notas sean altas para que el orgullo de tus padres recaiga en ti... En los chicos es exactamente lo mismo: procurar no embarazar a una chica para que su futuro y el tuyo no se vean "perjudicados" por un bebé, no dejarte mal influenciar por las personas dañadas, esas que te pueden llevar al borde de una adicción. Como siempre he pensado, es lo más coherente que mi cabeza ha llegado a expresar: ninguna persona daña a otra, cada quien es libre de albedrío; puedes tomar las decisiones que se te vengan en gana.
A lo que me refiero con desaparecer por completo es, si es posible, que no seas consciente de tu último suspiro, dejar de existir.
Es lo que yo anhelo. Desaparecer.
La lucha interna con la que vivo me atormenta.
Cierro mis ojos, recargando mi cabeza contra la almohada. Repaso mi mirada en las penumbras de mi habitación; puedo sentir la humedad que brota por mis ojos, manchando todo a su paso.
Mi respiración se atasca en cuanto visualizo ese maldito cuadro que está escondido en la esquina de mi habitación. Lo terminé. Sin embargo, no pude alcanzar a entregárselo. Soy un estúpido.
Otras lágrimas caen.
Tuve dos ataques de ansiedad; mis padres tuvieron que llevarme al hospital para que pudieran ponerme un calmante.
—Perdóname, mamá. Perdóname, papá. Perdón a quienes les hice daño, no era mi intención.
Odio.
Odio sentir rencor en mi corazón.
Quiero que mi corazón deje de sentir.
Abro la puerta del baño; mi mano se queda suspendida, titubeo. Como suele decir mi abuela Verónica: los cobardes no le ven el rostro a Dios. ¿Dios? A él también tengo que pedirle perdón.
Perdón por no tener las fuerzas para no luchar, para rendirme a medio camino de llegar a la orilla del río. Estoy ahogado, asfixiado y muerto...
Fui un tonto creyendo que podría obtener la felicidad a una edad tan corta, a mis diecinueve años, en la flor de mi juventud. Para poder ser feliz hay que batallar y yo no he hecho nada para ganar ese combate. Declaro que soy un perdedor.
En el calendario que tengo pegado en la pared del baño —sí, es irónico que lo tenga en el baño—. Es la solución que encontré para que no se me olvidaran las fechas importantes; el papel está adherido cerca del espejo, de modo que, al despertar y venir a lavarme la cara, pueda toparme con él. Ustedes pueden decir: tienes el calendario de tu celular, últimamente no puedo lidiar con él. Quise esfumarme de lo que conlleva ser Lysander Marchetti. Ser ese chico es agotador.
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Nuestro Caos (Borrador)
Teen FictionTras una lluvia de sucesos, Aileen accede a ingresar a Armagh. Una academia, pero no una común, esta es de las más prestigiosas en donde solo acuden los hijos de personas reconocidas, famosas y sobre todo con mucho dinero, no cualquiera entra allí...
