|Capitulo extra 2 prt 2

8.6K 513 1K
                                        

Cuatrocientos comentarios en este capitulo y subo el otro, (que como saben) ya está listo.

Hola, dejen su presente y felicitaciones a Lysander por su cumpleaños. (Mi niño, creció tan rápido).

EXTRA 2| PARTE II | PADRES PRIMERIZOS

|AILEEN|

«Solo toma de tu biberón», suplico internamente. El parto, dentro de lo que conlleva, salió bien; no hubo complicaciones y mi bebé y yo estamos sanos. Nos trasladaron a la habitación hace apenas un par de horas, pero, sin embargo, este bebé recién nacido ya me ha confirmado que sacó mi carácter y las locuras de su padre. Se niega a tomar del biberón y lo escupe cuando logro introducir la tetina en su boquita. Frunzo el ceño, mitad divertida y mitad desesperada.

—Eres igual de terco que yo, ¿verdad?

Sus puñitos se aprietan contra su pecho y suelta un pequeño gruñido de protesta, como si me estuviera dando la razón. Sé que tiene hambre; puedo notar su impaciencia en la forma en que mueve la cabecita de un lado a otro, pero parece que el biberón de la clínica no es de su agrado.

—Puedes intentar con otro método —comenta Lysander, agachándose, doblando las rodillas hasta quedar en cuclillas a mi lado, quedando a la altura de la cabecita de nuestro pequeño—, como alimentarlo con tus pechos —Pongo a Nigel en una posición más cómoda, pero él sigue llorando. —Llora por hambre —murmura, deslizando un tirante de mi bata por mis hombros; cae por mi brazo, dejando mi pecho al descubierto.

—Puedo hacerlo sola.

Le doy un empujoncito para alejarlo. Es mi esposo, y aunque debería estar acostumbrada a sus caricias, no puedo evitar sonrojarme apenas me toca. Lo asumo a la sensibilidad que me quedó después del parto.

—Lo sé, muñequita, eres perfectamente capaz, pero déjame ayudarte. Estás agotada y apenas puedes sostener tu propio peso.

Sus dedos rozan con delicadeza la piel expuesta de mi hombro antes de bajar para ayudarme a posicionar el cuerpo de Nigel. El bebé, al sentir el calor directo de mi piel y el aroma que reconoce como suyo, deja de lloriquear de inmediato. Su boquita busca con desesperación mi pezón.

—N-no p-puedo —jadeo, mordisqueando mi labio.

La succión del bebé es fuerte, un tirón que me recorre todo el cuerpo como una sacudida de electricidad que me es imposible de ignorar. Cierro los ojos con fuerza, sintiendo cómo mis dedos se contraen mientras trato de adaptarme a esa sensación tan nueva, tan cruda y tan abrumadora.

—N-No p-puedo, amor, me duele.

—No lo estás haciendo bien.

—¿Q-qué? —Mis lágrimas inundan mis ojos.

—Si el agarre del bebé no es bueno y solo toma la punta del pezón, te va a lastimar.

Él no se aleja; al contrario, se acerca un poco más, inundando el espacio con el aroma embriagador de su colonia y una nota sutil a cuero. Reduce la distancia entre nosotros hasta que mi piel se eriza bajo la tibieza que irradia su cuerpo. Sus manos, con una delicadeza extraña y descolocante, colocan sus dedos sobre los míos. Siento un ligero hormigueo donde su piel toca la mía, guiándome para posicionar mejor el pecho. Con el pulgar de su otra mano, calloso, baja a la barbilla de Nigel.

—Tienes que esperar a que abra la boca como un bostezo —me instruye en voz baja, manteniendo sus ojos fijos en los míos—. Ahora, acércalo rápido, que abarque también la parte de la aréola. Si solo muerde la punta, el dolor no se irá.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora