Dejen su presente.
28| CULPA
|MATHEUS|
Mis ojos se perdieron en el orfanato que estaba ubicado en un antiguo edificio de ladrillos grisáceos. Tenía un aire sombrío y melancólico. La fachada, desgastada por el tiempo, mostraba ventanas grandes enmarcadas con cortinas descoloridas que apenas dejaban entrar la luz del sol. A medida que se cruzaba el umbral, el ambiente se tornaba aún más opresivo, como los latidos erráticos de mi corazón, mente y alma.
Mis papás los habían asesinado y los tipos, uno de ellos, se encargó de traerme a este macabro lugar. Dareen no me quiso matar. ¿Por qué no acabó con mi existencia? ¿Por ser un niño? Prefería la muerte a vivir solo, sin los besos de mamá, los regaños de papá. Los iba a extrañar; no sabía cómo podría seguir adelante.
Quiero a mis papás conmigo.
Las lágrimas amenazaron con desbordarse; ni siquiera me percaté en el momento en que ese tipo simplemente me dejó ahí, tirado, a mi merced. Tragué grueso, caminando por el patio. Niños y niñas de todas las edades jugaban, reían, saltaban la cuerda. ¿Ellos son felices sin tener a sus papás? Enseguida, un recuerdo pequeño me golpeó: mamá en una ocasión me dijo que había niños que nacieron sin saber quiénes eran sus padres. No era mi caso; yo los perdí, me los quitaron a la fuerza. Vi cómo los mataron.
—Quítate, estás bloqueando mi camino —parpadeo, volteando. Era una niña, de cabello del mismo color que el mío. A simple vista, las personas podrían juzgar que somos familia—. ¿Qué te pasa? Estás como asustado. ¿Eres nuevo?
—Sí —murmuré al borde de las lágrimas.
Ella ladeó la cabeza, cruzando sus bracitos sobre su pecho. Su vestido azul se movió con el ligero roce de la brisa y sus labios se fruncieron por el frío. Los palos que coleccionaba los dejó caer en el pasto y se limpió las manos en sus ropas. Sonreí en mis adentros: si yo hacía esa acción delante de mi madre, estaba más que seguro de que el regaño que vendría no sería bonito de escuchar. La niña se acercó, invadiendo mi espacio personal, y mi cuerpo se tensó. Pude verla de cerca, ver lo bonita que es. Ninguna niña me había parecido bonita en mi escuela. Ella sí que lo es. Su melena desordenada de cabello rubio caía sobre su frente. Sus ojos, de un azul intenso, reflejaban una curiosidad tan grande como el océano.
Una curiosidad que quería absorberme.
—No estés triste.
—Yo no estoy triste.
—Sí lo estás —replicó—, tus ojos están llorosos.
—Es alergia.
—No seas mentiroso, a los mentirosos se los lleva el coco.
—¿El qué? —fruncí el ceño, confundido.
—El coco es un monstruo que se lleva a los niños que dicen mentiras, esos niños que no le hacen caso a sus mayores —explica, siendo experta en el tema—. Ese monstruo tiene ojos amarillos y dientes afilados. Te atrapa y te lleva a su cueva. Así que está prohibido decir mentiras, si estás triste debes decirlo, llora si quieres, yo prometo que no me voy a reír. Yo a veces me siento muy triste porque no tengo papás.
Mis labios temblaron. Era un egoísta; ella es feliz, sin tener papás. Pero yo... Yo...
Me quebré.
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Nuestro Caos (Borrador)
Novela JuvenilTras una lluvia de sucesos, Aileen accede a ingresar a Armagh. Una academia, pero no una común, esta es de las más prestigiosas en donde solo acuden los hijos de personas reconocidas, famosas y sobre todo con mucho dinero, no cualquiera entra allí...
