|Capitulo 16

58.5K 2.3K 2.3K
                                        

16| NOVIOS FALSOS

|LYSANDER|


—Sé que la cagué, sé que no tengo el derecho de venir a pedirte que me perdones. Hubo otras soluciones para alejarte y me fui por lo fácil, por lo brusco y animal. No me perdono, no me lo perdonaré nunca. —Joder, esto es más difícil de lo que pensé. Abrirme a otra persona es fuerte; he evadido las preguntas de mi psicóloga, pero con Aileen es un caso diferente. Tengo que ser sincero, honesto con ella y conmigo mismo. Cómo dijo mi padre: «una manzana podrida daña a las demás; si tú no te perdonas, ¿crees que un tercero lo hará?»—. El día del partido, mi abuelo me infundió miedo con un video que me perjudica directamente y que, si llega a las manos equivocadas o a la autoridad, puedo acabar en la cárcel.

Puedo notar el cambio de expresión en ella, de la molestia a la sorpresa.

—¿A la cárcel?

—Aileen, esto es más complicado de lo que se ve. Yo, en el pasado, maté a un chico.

Su rostro palidece. Quiero acercarme y reconfortarla con el calor de mi cuerpo; ella levanta su mano, impidiendo que invada su espacio. Lo entiendo. No es fácil de digerir que le he confesado que "maté" a alguien más.

—Esto no tiene nada que ver contigo —continúo—. Está asociado con mis relaciones del pasado, esas amistades que tuve antes de ti y de ser el Lysander que hoy en día soy. Ziran y yo tuvimos una amiga. —Hago una tortuosa pausa, paso saliva por mi garganta, que está reseca; no quiero derrumbarme. ¿Yo ya no lo había superado?—. Esa amiga se llamaba Bianca; a ella la mató el chico que yo aventé por un edificio, desde uno de los pisos más altos. Por la fuerza del impacto de la caída, no sobrevivió. Alguien me grabó y ahora ese video pasó al poder de mi abuelo Aurelio.

—¿Él te está chantajeando?

—Yo no quiero ir a la cárcel —murmuro en un hilo de voz—, no quiero, muñequita. Tengo mucho miedo y sé de lo que es capaz ese señor si no consigue lo que desea; no le importaría que su nieto se pudra tras las rejas. —Limpio con las mangas de mi camisa la humedad que se resbala por mis mejillas—. Estoy al borde de la locura, mis padres no saben la verdad; no quiero decepcionarlos, que me vean como lo que más repudian, como un monstruo.

—Tienes que hablar con tus padres, Ly.

—¿Y si no me apoyan? ¿Si quieren que pague lo que hice? Ya te lo dije, no quiero ir a la cárcel. Solo tengo diecinueve años, Aileen. No quiero ir a un lugar, desechar lo que he logrado y lo que puedo llegar a alcanzar en un futuro.

—¿Estás seguro de que ese chico mató a tu amiga?

—Completamente.

—¿Y si no fue así?

—No, Aileen. Yo vi todas las pruebas; apuntaban a ese chico, él la mató.

—Asesino o no, no debiste matarlo, Ly. No tienes que tomar la justicia por tu propia mano.

—¿Qué pretendes? ¿Que me quede de brazos cruzados mientras una chica fue asesinada de la forma más cruel e inhumana posible?

—Estás siguiendo el mismo patrón que ese chico: quitar vidas, manchar tus manos con la sangre de una persona.

—¡Era un asesino!

—Y ahora te volviste uno.

—No, yo no soy uno. Solo hice justicia.

—La justicia no se resuelve con más dolor, se resuelve con lo que define a la palabra: con lo justo. Tú no fuiste justo, y no, no pretendo estar en tu contra. Quiero que hables con tus padres; ellos ya tienen experiencia, mucha más que nosotros dos juntos. Son tus padres, no te van a perjudicar.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora