|Capitulo 02

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02|BIENVENIDOS A ARMAGH

|AILEEN|

Esa noche no dormí. No pude. Tener un desconocido dentro de tu casa te hace crear miles de escenarios terroríficos.

Fui a la sala varias veces para encontrarlo en la misma posición en la que se quedó dormido. Anoche, después de escuchar la voz supongo que de su hermano me asusté y colgué.

A la mañana del día siguiente. La luz del día se coló por la rendija de mi ventana. Corrí hacia mi pequeña sala, pero él ya no estaba. Se había ido.

Qué chico más extraño.

Me apresuré a alistarme. Recogí mi cabello rubio platino en una coleta de caballo, mi cabello es largo y sedoso, muchas personas me han elogiado por él, sinceramente, es lo único que creo que tengo de valor. Aunque como todo, tiene sus pros y contras, por más que lo arreglara esos mechones que tenían vida propia rozaban mis mejillas o mi frente. Resoplé frustrada. Hice mis maletas, guardé dentro de la valija las pocas prendas ropa y algunos artículos de uso personal que me fueran necesarios. Lo que si llevo conmigo a donde fuera es la única fotografía que poseía de mi hermana Evelyn.

Nos separamos siendo muy niñas, temo que ese reencuentro soñado se convierta en unas más de mis ilusiones que nunca se darán. Ni siquiera sé nada de su familia. Es como buscar una aguja en un pajar, sin información no puedo encontrarla. Mi única esperanza es que ella sea la que me halle a mí.

Pero creo que ella no tiene esas intenciones. No quiere volver a verme.

—¡Aileeeen! —La puerta vibró bajo los golpes que recibía al otro extremo de ella, salí de mis pensamientos sabiendo de quién se trataba, nadie más podría llegar tan temprano por la mañana a molestar—. ¡Abreeee la puertaaaa!

—¡Ya voy pesado!

Abrí la puerta de golpe y él que iba recargado en ella cayó de narices a besar el suelo. Rompí en carcajadas. A él no le causó gracias, su ceño se frunció y sus dedos acariciaron el puente de su nariz lastimada.

—¿Qué es tan gracioso? —gruñe.

—Eres tan estúpido —Finjo limpiar unas lágrimas imaginarias de las comisuras de mis ojos—. Pides que te abra la puerta y te recargas de ella. Tu cerebro no funciona bien, ¿tu madre no tomó las víctimas adecuadas o te caíste de bebé?

Su rostro se vuelve rojo tomate.

—Qué te importa.

—Amargadito.

—¿Ya acabaste de empacar? —Cambia de tema.

—Si. Todo listo.

—¿Y tienes el uniforme de Armagh?

—Aún no.

—De camino a Armagh lo compramos. Las clases empiezan dentro de una semana arriba.

—Tengo entendido que hay la opción de conseguir una habitación dentro de las mismas instalaciones para las personas que viven lejos como es mi caso.

—No te preocupes donde te quedarás, mi casa es tu casa. Quédate en ella.

—No.

—Aileen.

—No.

—¿Prefieres dormir en la calle?

—Si.

—Entonces duerme en la calle chica borde.

No me sorprende. Nuestra amistad se basa en: tú me insultas y yo te lo regreso y mucho peor.

Ryle me ayudó con mi equipaje, nos subimos al auto que nos esperaba afuera. Sabía que era un viaje largo, así que me preparé para un trayecto lleno de conversaciones y silencios incómodos. Ryle siempre tenía una forma peculiar de llenar el espacio; a veces con bromas, a veces con ese silencio que parecía cortar el aire de tensión. La carretera se extendía ante nosotros, serpenteando entre árboles y colinas.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora