|Capítulo 13

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13| CAMPAMENTO

|LYSANDER|

El que me dejara encendido de esa manera no me hizo sentir de buen humor. Acomodo a mi amiguito que la rubia platina se atrevió a despertar y me cercioro de cerrar los ojos y pensar en planetas, en la tabla periódica, en lo que sea menos en su hermosa sonrisa y en lo bien que nuestros cuerpos encajan.

Maldición.

No puedo dejar de pensar en ella.

—Mis súplicas fueron escuchadas —comenta el chico que tengo a mi lado. Alzo una ceja sin comprender lo que quiere decir; él se rasca la cabeza en un gesto avergonzado—. Podrían al menos esperar a estar en el campamento.

Ahora lo comprendo.

Hundo mi espalda en mi asiento.

—Tú no viste nada —advierto con mi voz más ronca de lo usual, sigo afectado.

—Es lo mejor.

—Bien.

—Bien...

Vale, esto resultó ser incómodo.

Observo por la ventana apretando mi mandíbula, rompo con mis dientes el interior de mi mejilla y puedo sentir el sabor metálico de mi sangre mezclarse con mi saliva. Un amargo sabor a hiel inunda mi paladar cuando al bajar, la veo unirse con Ziran. ¿Ese estúpido estuvo en este autobús todo este tiempo? ¿En qué momento subió? Me he inquietado; no me gusta la cercanía de ambos.

No debería estar enfadado.

Aileen se le da bien provocarme para herirme el ego; lo merezco, pago mis errores y estas son las consecuencias.

Sin embargo, no quiero que estén juntos.

¿Son celos?

Considero que los celos son un sentimiento absurdo cuando estás en un noviazgo, pero nosotros ni siquiera somos amigos. No tengo que estar celoso y, joder, lo estoy.

Tengo celos, y es nada más y nada menos que por ella. Aileen Steward.

Contengo el impulso de ir hasta Ziran y partirle la cara; si lo hago, me irá peor con Aileen. Quiero recuperarla.

Los seguí con la mirada incluso cuando bajamos del autobús. Por estar observándolos, tropecé con un escalón del mismo y por poco caigo de bruces contra el pavimento; por suerte, entre Matheus y Aidan, lograron sujetarme.

Mierda.

Contrólate.

—Mira, se pone así por una chica que lo humilló enfrente de toda la academia. Ten orgullo, hermano —comenta burlón Aidan y tengo que controlar el impulso de sacarle los dientes. No quiero que me expulsen del campamento antes de tan siquiera haber empezado este.

—Aileen solo le regresó lo que Lysander le hizo —replica Matheus con un tono monótono; no se le ve entusiasmado por estar en el campamento. Tiene la misma expresión de desagrado que Gabriella, que ya ha sacado sus sprays anti-zancudos (no hay zancudos).

—Me pica la piel —lloriquea ella, uniéndose; se rasca los brazos.

—¿De qué? —Matheus la toma del brazo con delicadeza—. ¿Qué tienes?

—Tiene sarna —concluye Aidan. Gabriella suelta una exclamación de indignación.

—¡Sarna tendrás tú, piojoso!

Aidan se encoge de hombros.

—Aidan —Matheus lo observa con dureza—. Con Gabriella no te lo permito.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora