|Capitulo 42

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Este capítulo contiene descripciones de violencia, por lo cual se recomienda discreción al lector. La intención no es glorificar, sino explorar sus consecuencias y el impacto que tiene en las vidas de los personajes involucrados.

Ahora sí, comenten bastante ;)

—¡Hola! —saluda Aidan—. ¡Dejen sus besos!

Matheus golpea su frente, harto de tener que corregirlo.

—Era dejen su presente, baboso. ¿Para qué van a dejar un beso? Estás pendejo, Caruso.

—¡Dejen su presente! —dice Aidan—. ¿Lo hice bien, Matheus?

—Bien mal.

42 | RESCATE | PARTE I

|AIDAN|

Hay un último día para todas las cosas.

Las personas suelen decir: «No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes». La verdad es que sabías lo que tenías, pero nunca creíste que ibas a perderlo.

Es lo que pasó con mi mamá.

Mi hermano y yo, ajenos a su lucha diaria, creíamos que siempre, por toda la eternidad, estaría para nosotros, que nos vería crecer, convertirnos en adultos, graduarnos de la universidad, alcanzar nuestros sueños y metas, casarnos, formar una familia y que ella estuviera incluida, como la abuelita consentidora que malcría a sus nietos y nietas, y papá también.

Papá antes era bueno.

Papá solía cubrir las travesuras que Eiden y yo hacíamos a escondidas de mamá; papá retaba a mamá con tal de acceder al capricho de comer dulces, a pesar de que ella insistía en que debíamos comer más sano. Papá era el único que podía calmar las tormentas emocionales de mamá cuando algo salía mal en casa.

Era nuestro héroe en casa.

Pero todo cambió cuando mamá enfermó. Fue como si un huracán hubiera arrasado con nuestra familia. De repente, papá ya no era tan bueno; estaba agobiado, preocupado y no sabía cómo lidiar con la situación. La responsabilidad recayó sobre él y nuestras vidas nunca volvieron a ser las mismas.

El cáncer no solo se llevó la salud de mamá; también se llevó a papá.

Papá se apagó junto con mamá, dejándonos a mi hermano y a mí solos en este mundo.

Y todo lo que conocía, simplemente, se desvaneció ante mis ojos.

—Estoy enferma —anuncia mamá, sin perder la calma; nos regala una sonrisa para aligerar lo pesado que se puso el ambiente. Eiden y yo guardamos silencio. Mamá nos había soltado esa información en el comedor, cuando todos desayunamos; a juzgar por la reacción de papá, él ya lo sabía desde antes—. Tengo cáncer en etapa terminal —aclara su garganta y sé que esto la está rompiendo por dentro—. Lo que significa que... que... —La abuela y el abuelo, sus papás, estaban presentes; mi abuela echó para atrás su silla para ir hacia mamá y rodearla con sus brazos.

—No te esfuerces, Savannah.

Besa la coronilla de la cabeza de mamá.

Ahora todo cobraba sentido en mi cabeza; esas piezas que vagaban sin sentido en mi mente finalmente encajaron. Podía comprender las idas al hospital, los medicamentos, su deterioro que con el transcurso de los meses empeoró, la caída de su cabello, la palidez de su piel aceitunada, las ojeras oscuras que se formaron debajo de sus ojos cansados, las lágrimas contenidas que a veces se escapaban sin querer, las visitas constantes de amigos y familiares. «Mamá está muriendo». Sin contenerme más, inicié a llorar.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora