|Capítulo 09

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09|SÉ MI NOVIA

|AILEEN|

—¿Estás llorando?

—Es la cebolla —justifico torpemente—, la cebolla me hace llorar.

—No hay ninguna cebolla.

—La había.

—Esa noche —Toma una bocanada de aire acercándose—, rompí mi amistad con Ziran. Nunca había ingerido una gota de alcohol por lo que cuando bebí por primera vez no tardó en afectarme. No era consciente de lo que hacía, solo recuerdo haber llamado a Azazel, o eso creía —Sus grandes manos sujetan mi rostro con una delicadeza que contrasta con su masculinidad—. Gabriella fue a por mí, me llevó hasta un hotel.

—¿Y sucedió...?

—Mis recuerdos son borrosos, no recuerdo haberla tocado. Ella fue la que me lo aseguró cuando desperté a la mañana siguiente con resaca —Sus pulgares secan el rastro de humedad que se ha deslizado por mis mejillas.

—¿Como puedes estar seguro de que lo hicieron?

—No lo estoy. Es la palabra de Gabriella contra lo poco que recuerdo.

—Entiendo.

—El pasado en el pasado. No la volvería a tocar, se me han presentado miles de oportunidades para hacerlo. No quiero. No me gusta, ella no es la mujer que deseo —Retengo el aire y un nerviosismo me recorre mi estómago. ¿Por qué? Ni yo misma lo sé. No son mariposas en el estómago, es otra sensación extraña.

—¿Hay una mujer que desees?

—No solo la deseo. El deseo es carnal, lo que estoy sintiendo por ella va mucho más allá que una simple calentura —Sonrie de medio lado—. Ella se merece que la traten como a una reina.

—La chica debe de ser afortunada.

—El afortunado seré yo cuando consiga conquistarla —Acaricia mis labios con sus dedos con una fugaz y suave caricia esperando una negativa que, al no recibirla continuó transitando hasta llegar a la unión de mis pechos. Se retira a mi cuello donde deposita un casto beso, solo presiona sus labios húmedos arrancado un tembloroso suspiro—. Esta es la oportunidad de detenerme, si no lo haces no pararé. Puedes hacerlo ahora.

—No quiero que te detengas.

—¿Estás segura de tu desición? —Continua besando mi cuello, jadeo hundiendo mis delgados dedos en las hebras lisas de su cabello. Su respiración cosquillea mi interior y eriza mi piel—. Una vez tomo lo que es mío, no puedo volver a dejarlo ir. No soy de los que se conforman con menos. Si decido seguir, será para siempre, y no me arrepentiré. Profanaré tus labios todos los días, por el resto de mi vida.

Consigo asentir, porque de vocalizar no hallaba mi voz para hacerlo.

—No te oí, muñequita. ¿Sí o no?

—Si quiero, Lysander —Me desconocía. ¿Yo rogando por un beso? Nunca.

—Estas tan nerviosa, que tierna.

—No estoy nerviosa.

—¿Seré tu primer beso? —Me tensé y él lo notó—. No importa si soy el primero o el último. Me conformo con ser el que esté presente aquí contigo.

Mis manos apretaron el borde de la encimera, no supe en que momento retrocedí hasta ella. Necesitaba algo con que aferrarme, en cualquier instante podría caer, mis piernas podrían dejar de funcionar. Tan afectada me tiene, contrario a él que, mantiene un gesto de confianza, uno engreído. Utilizo unas cartas a mi favor, me acerco de improvisto para besar el hueco que queda en su clavícula.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora