|Capitulo 29

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En el capítulo anterior se dijo que Ryle cayó de un "séptimo piso". Cambié eso por un "quinto piso". Aidan lo empujó de un quinto piso; igual, la caída sigue siendo mortal en muchos casos. Y antes de que digan que Azrael tiene preferencia, no la tiene; él ama a sus tres hijos. En este libro no se enseña mucha interacción de él con Azazel porque este es el libro de Lysander. En el libro de Aza se verá cómo es la dinámica de padre e hijo.

No se les olvide comentar y votar: este capítulo ha sido un dolor de cabeza para mí, con tantas cosas que hay, y hasta el momento es el capítulo más largo que tiene la historia.

Si no cumplen, mato a Ryle y a Lysander.

Y hago que atropellen a Ziran. Jajaja, no es cierto.

Dejen su presente.

29 | ¿MUERTE?

|LYSANDER|

Las grandes puertas de la mansión Marchetti se abren al detectar el auto. Giro el volante hacia la derecha, aparcando cerca de la fuente con el niño que tiene alas de ángel en su espalda. Apoyo mi cabeza en el volante, preparándome mentalmente para lo siguiente que pasará una vez que mi madre se entere de lo que hice en el pasado. Maté a un chico de mi edad de aquel entonces. No lo maté; hay que decir que tuve un empujón con Matheus y Ziran fue mi cómplice en ayudarme a ocultar el cadáver. Por alguna razón, y no hay que ser tan inteligente como para concluir que, en cuanto la conversación acabe con mis padres, seré el saco de boxeo de Jaelyn Marchetti. Esa mujer serena da miedo; molesta es mejor no haberse cruzado en su camino, o te vas a lamentar el resto de tu existencia. De niño, prefería contarle en directo las travesuras que hacían mis otros hermanos que ganarme un castigo, un regaño o un manotazo suyo. Sin embargo, gané un apodo por parte de Azazel: "el chismoso", "el que no puede guardarse nada". Debíamos cumplir una regla que nos impuso mamá: "no jugar dentro de la casa". Azazel no comprendía dicha regla y rompió varios objetos de vidrio que mi madre apreciaba.

Está de más decir que mamá tiró de sus orejas. Papá no nos defendía temeroso de la reacción de su mujer. Para ser honestos, papá se escondía detrás del marco de la puerta, esperando que mamá nos diera un sermón. Después que ella se iba, él se acercaba a abrazarnos y besarnos las mejillas, diciendo que no fuéramos traviesos.

Azazel nunca le hizo caso.

Papá nunca nos pegó, a Juliet y a mí no, en cambio a Azazel sí le pegó dos veces. La primera vez le dio con la correa por los nervios. Mi hermano, jugando conmigo en la cocina, me empujó a una olla hirviendo; por suerte, esta no se desparramó. De ser así, mi rostro tendría una horrible quemadura nada bonita de recordar.

La segunda vez fue porque empujó a Ivette a la alberca y ella no sabía nadar. Papá, que nos observaba del otro extremo del jardín, saltó a la piscina a salvar a la niña que se ahogaba dentro.

Aquella ocasión le dio unos golpes en las manos, haciéndole saber a mi hermano que no debía jugarse brusco con una niña. Mi hermano empezó a llorar y mi padre se arrodilló para abrazarlo.

A Juliet, mis padres nunca le han puesto una mano encima; desde que era una niña fue tranquila.

En el interior de la casa, mi madre baja las escaleras con una serenidad tortuosa. Mi padre está de pie en medio de la sala, caminando nervioso de un lado a otro. No tengo ninguna excusa como para defenderme. Maté a ese por voluntad propia; bueno, lo empujé. Ya se ha descubierto quién es su verdadero asesino. ¿Qué puedo decirle a mamá? ¿Lo empujé de un edificio porque quise? ¿Por ser un impulsivo que no mide las consecuencias de sus actos? En definitiva, no le diré lo que ronda en mis pensamientos.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora