17| MI CHICA
|LYSANDER|
La habitación de Emma es la 204 en el piso de pediatría del hospital.
Las paredes están decoradas con colores suaves y dibujos de personajes de cuentos que intentan hacer más amena su estancia. Está conectada a una serie de aparatos que indican las pulsaciones débiles de su corazón enfermo. Ha pasado unos quince minutos al menos desde que Ziran me llamó y yo, junto con Aileen, corrimos al hospital. El médico encargado de la situación de la niña dijo que solo se ha tratado de una recaída momentánea; no obstante, es crucial que permanezca en observación por unos días.
Ziran está sentado cerca de ella, con la vista clavada en la pared. Acaricia el pecho del oso de peluche que sostiene entre sus manos. Es de Emma. Sus ojos están rojos como si hubiese estado llorando antes; tiene unas notables ojeras que indican lo agotado que está. Tanto Emma como él son dos guerreros de circunstancias desfavorables que, por alguna razón injusta, tuvieron que padecer. Su aspecto no es el mejor.
Y el de Emma, mucho menos.
Luce pálida, débil y frágil.
Ziran ni siquiera se ha percatado de nuestra presencia. Está tan sumergido en sus pensamientos que empieza a llorar buscando la manito de su hermana que yace en la cama.
—Emma... —pronuncia en un hilo de voz, quebrada—... mi niña.
—Ziran, tranquilo —Mi chica se hace notar tomando asiento a su lado y depositando una mano en su hombro de forma reconfortante—. Emma es una niña fuerte, ya lo ha demostrado otras veces; esta no será la excepción.
—Lo sé, pero... —niega tratando de estabilizar su respiración descontrolada—, no quiero que siga sufriendo. Es tan pequeña, no lo merece, es injusto. A su edad, debería estar jugando, haciendo amiguitos y siendo feliz, no así; le tocó estar internada en un hospital, sufriendo constantes inyecciones y sin tener esperanzas de conseguir un donante de corazón.
El pitido de las máquinas inunda mi cavidad auditiva. Camino hacia la camilla apartando unas hebras del flequillo de ella; su pecho sube y baja en respiraciones suaves y seguidas, manteniendo ese ritmo sereno. Es una respuesta positiva; mientras esté respirando, todo estará bien. Emma es una niña dulce, inocente y encantadora. Quiero ayudarlos con lo que es buscar un donante. Hay familias que tienen un familiar fallecido, y si se les ofrece una considerable suma de dinero, puede llevarse a cabo la operación que Emma necesita.
Sin embargo, Ziran es un cabezota que no aceptará la ayuda, por más desesperado que esté. Se niega a recibir un posible dinero que lo relacione con Aurelio Marchetti. Este chico detesta a su padre y, sinceramente, no lo culpo.
—Ziran.
—Lysander.
Se levanta a trompicones de la silla; por poco se tropieza con sus propios pies y, sin verlo venir, me abraza. Mi cuerpo entero se contrae en tensión; permanezco sin devolverle el abrazo.
Estoy... en shock.
No esperaba ese abrazo.
—Mi hermanita... Emma está muriendo, Ly —ahoga su llanto desgarrado, roto y débil en mi hombro. Estoy congelado, sin saber cómo actuar en una situación como esta; quiero consolarlo, pero no sé cómo—. No quiero que ella muera —continúa llorando. Es cuando paso mis brazos por su cintura y lo abrazo como si temiera que él perdiera las fuerzas, y posiblemente pueda suceder; no tiene control sobre sí mismo—, ayúdame, te lo suplico. Si tengo que pasar el resto de mi vida pagando la deuda, no me importa, ayuda a conseguir un corazón para Emma. Ella lo necesita.
ESTÁS LEYENDO
Nuestro Caos (Borrador)
Teen FictionTras una lluvia de sucesos, Aileen accede a ingresar a Armagh. Una academia, pero no una común, esta es de las más prestigiosas en donde solo acuden los hijos de personas reconocidas, famosas y sobre todo con mucho dinero, no cualquiera entra allí...
