|Capítulo 14

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14| ACCIDENTE

|RYLE|

Recuerdo la primera vez que conocí a Azazel. Nuestros padres, al ser amigos, nos presentaron. Él tenía cinco años, próximo a cumplir sus seis añitos, y yo ya tenía mis seis años. Y sí, a esa edad es difícil que uno recuerde con exactitud. Pero yo sí. Es el único recuerdo que conservo intacto, sin verse borroso o en fragmentos que pueden llegar a confundirte. Este es claro y preciso.

Mis padres vivían en Francia; sin embargo, mi padre extrañaba la vida que había formado en Italia tiempo atrás, por lo que decidieron volver.

Azazel, de niño, era todo lo contrario a lo que hoy en día es. Antes era tímido, reservado e introvertido. Puedo decir que él y Lysander, a comparación de ahora, han cambiado de personalidad.

Mi tío Azrael, el padre de Aza (en realidad no es mi tío, suelo llamarlo así por cariño), lo animaba a que me hablara. Él solo permanecía detrás de las piernas de su madre, mirándome con timidez. Yo alcé mi rostro hacia mi padre, quien me insistió en un gesto silencioso que me acercara a Azazel. Así lo hice; me acerqué a él y le tendí mi mano, tal cual como mis padres me habían enseñado que se debía saludar.

—Hola, soy Ryle, ¿y tú?

Él entierra su rostro en las piernas de su madre y se abraza a ella. Su padre se pone de cuclillas y lo saca de ese espacio, colocándolo enfrente.

—Este es Ryle, mi cielo —Le hablaba su padre—. Él quiere conocerte, es hijo de mi amigo. Ustedes también pueden ser amigos, los mejores amigos. —Azazel asentía, escuchando las palabras de su padre, y es cuando sus ojitos dan con los míos, de un gris azulados, me sobresalto.

—Me llamo Azazel —musita aún con timidez, jugando con los bordes de su camisa con un estampado de Garfield—. Eres muy bonito —agrega, provocando que mis mejillas ardieran. Nuestras madres se ríen entre ellas, divertidas. Mi madre es la que dice: «tan lindos, vamos a dejarlos solos», y proceden a marcharse a una de las mesas del jardín—. Me gusta el color de tus ojos, son igual de bonitos que tú. Todo de ti es bonito.

—Yo no soy bonito —refunfuño.

Detestaba que me llamaran bonito. En mi escuela pasada sufrí de bullying ya que había quienes me confundían con una niña, según por lo delicado que era mi aspecto físico y mi personalidad. Por lo que me propuse no parecer tan delicado, aunque se me dificultaba. Mamá solía alentarme diciéndome que era parte de mi personalidad y que no debía enfocarme en esos malos comentarios llenos de envidia.

—Lo eres —afirma, jugando con un rulo de mi cabello pelirrojo—. Eres un niño muy bonito.

—Tú también eres bonito —mis mejillas se encienden nuevamente; un hoyuelo aparece en su mejilla derecha al sonreír. No mentía, él es simplemente hermoso.

—Gracias, Ryle —Se inclina para besar mi frente. A pesar de que soy unos meses mayor, él me sigue superando en altura. Su beso me toma desprevenido; mi corazón tiene una carrera a mil por hora y no entiendo a qué se debe—. Tu voz se escucha rara, es como...

—Se le llama acento.

—¿Qué es un acento?

—Es como una forma de hablar que te hace sonar diferente —explico tratando de recordar lo que mamá me había dicho sobre los acentos y las lenguas. Frunce su ceño sin entender.

—¿Diferente? ¿Como los monstruos de las películas?

—No, no como los monstruos —reí, disfrutando de su inocencia. Es divertido este niño—. Es más como cuando escuchas a alguien hablar en otro idioma. Cada lugar tiene su propia manera de hablar, su propio acento.

Nuestro Caos (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora