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Desperté con un jadeo ahogado, mis pulmones buscaban aire desesperadamente. Un fuerte pitido resonó en mis oídos, y mi visión estaba borrosa. Parpadeé varias veces, tratando de enfocar mi entorno.

Una luz blanca y fría iluminaba la habitación. El olor a desinfectante me invadió la nariz antes de que pudiera entender que estaba en el hospital. Intenté moverme, pero mi cuerpo se sentía pesado, como si hubiera estado sumergida en un sueño profundo durante días.

—Dayla... —La voz profunda y preocupada de mi padre me sacó de mi aturdimiento.

Giré lentamente la cabeza en su dirección. Estaba sentado junto a mi cama, su rostro estaba endurecido por la preocupación, pero con un alivio innegable en sus ojos. A su lado, Andrey me observaba en silencio, con los brazos cruzados. Unos pasos más allá, Salvatore mantenía su típica expresión inescrutable, aunque sus ojos verdes reflejaban un atisbo de inquietud.

Y en la esquina, de pie y apartado de todos, estaba Alexei. Me quedé tan sorprendida de verle aquí, que tuve que frotarme los ojos para saber que no estaba soñando, porque lo último que recuerdo antes de desmayarme era a él discutiendo con mi padre.

Su postura era rígida, sus manos posaban dentro de los bolsillos de su chaqueta, pero su mirada ardía con una intensidad que me dejó sin aire. No dijo nada. Solo me observaba en silencio.

La voz del médico me obligó a apartar la vista de él. Estaba de pie junto a mi padre, hojeando una carpeta con lo que seguramente sería algo mío.

—Parece que su cuerpo reaccionó al estrés extremo —explicó el doctor, con tono profesional—. Tuvo un colapso por la sobrecarga emocional y la falta de oxígeno en un momento de crisis. Pero su presión ha vuelto a la normalidad, y no hay signos de daño neurológico.—Cerró la carpeta—Pero igualmente te hice unos análisis de sangre para descartar algo, seguramente ahora en un rato vendrá la enfermera con los resultados.

—Gracias doctor—respondió mi padre con un asentimiento. Luego se volvió hacia mí—. ¿Cómo te sientes?

—Cansada—murmuré

Mi padre exhaló pesadamente, pasándose una mano por el rostro.

—Nos diste un buen susto.

Sentí el peso de la mirada de todos sobre mí. Pero la que más me quemaba era la de Alexei, seguía ahí, mirándome intensamente.

Mi mente aún recordaba los sucesos de lo que pasó anoche. Yo bailando con Phillipe, Alexei viniendo para pegarle, mi padre discutiendo con él. En fin, lo raro era porque Alexei se encontraba aquí, pues, por su culpa me desmayé.

Estaba tan absorta pensando en todo lo que ocurrió ayer que el sonido de la puerta abriéndose me sacó de mis pensamientos. Una enfermera entró con una carpeta en la mano y se la entregó al doctor con una expresión neutral.

Mafia Capone #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora