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Dayla

En todo el trayecto solo pensaba en que yo le había empujado a su muerte. Si realmente su familia fue el que lo hizo, él no era el traidor y por lo tanto, él no nos traicionó.

Estaba tan confundida, mi mente estaba vuelto un torbellino de pensamientos, encontrando alguna lógica para todo esto.

Cuando finalmente llegamos, Andrey y yo cruzamos la entrada de la mansión, encontrándonos con mi padre y Salvatore en la sala, hablando entre ellos.

—¿De verdad era él?—Pregunté, nada más me acerqué a ellos, por lo menos tenía la esperanza de que no fuese cierto.

—Sí—respondió, mi padre.

El sentimiento de culpa me empezó a invadir de nuevo. Todo esto fue por mi culpa, yo fui quien desconfié de él, quien lo señaló, quien permitió que esto sucediera.

—No puede ser...—Murmuré, intentando contener las lágrimas, pero mi voz temblaba al igual que mis manos.

Andrey puso una mano en mi hombro, intentando brindarme apoyo, pero eso solo hacía que mi culpa creciera más. Quería gritar, correr, hacer cualquier cosa para retroceder el tiempo y corregir mi error. Pero eso sería inútil, eso no le devolvería la vida a Thiago.

—Dayla, todos sospechábamos de él, no es culpa tuya, nunca pensamos que él dijese la verdad. Thiago tenía todo en su contra. —Aunque mi padre quería tranquilizarme con su palabras, poco podía hacer.

—¿Qué pasó con su cuerpo?— Su familia era muy poco evidente que lo reclamaría. Así que, lo mínimo que podía hacer era de asegurarme que por lo menos tuviese un funeral digno.

—La ambulancia se lo llevó—contestó Salvatore—Pero no sabemos a dónde lo llevaron, como no somos familia, no tenemos derecho a reclamar el cuerpo.

Me reí para mis adentros, obviamente iba a averiguar en donde llevaron su cuerpo y nada ni nadie me impedirá que lo vele.

—Ahora más que nunca tienes que estar fuerte Dayla. Lo que vendrá de ahora en adelante no será para nada bonito, mientras esa familia siga respirando, ninguno de nosotros podrá descansar en paz—Recalcó mi padre— Desde hoy se te triplicará la seguridad, no quiero que nada malo te suceda.

Asentí en silencio, lo más que anhelaba ahora mismo era en acabar con esa familia de mierda.

—Dame tu brazo Dayla—Me preguntó Salvatore y yo le miré con el ceño fruncido. ¿Para qué quería mi brazo?

—¿Porque?—Pregunté, con cara de confusión.

Salvatore me miró casi riéndose, seguramente por las caras que estaba poniendo.

Mafia Capone #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora