Descubrir su pasado la llevó a enfrentar una nueva realidad, donde la fuerza y la determinación se convirtieron en sus mejores aliados.
Después de varios meses de que Dayla entrara como infiltrada a la mafia rusa, su momento de ser coronada como l...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
•••••••••
Alexei
—¡¿Qué?! ¡Como mierda a estas alturas no hayáis podido lograr nada sobre el paradero de Andrey!—Grité enfurecido, al teléfono.
— Lo siento, jefe, per....
Colgué, tirando el puto móvil al suelo. Estaba harto ya de esta situación.
Desde hace un mes que no sabía nada sobre Andrey, lo secuestraron el día que se fue a monitorear un cargamento.
Desde que me llegó la noticia de que lo habían secuestrado, me llené de una rabia que no podía controlar, empecé a llamar a todos los putos aeropuertos para que detuviesen a cualquiera que pasara. Porque sabía bien que él no estaría en Rusia.
Sino, ya lo hubiese encontrado al segundo.
No tenía lugar a dudas que fue Román el que lo secuestró, seguramente con la ayuda del estupido francés.
Y de ser así, se iban arrepentir de haberlo hecho.
Me senté en el borde de la cama, con una mezcla de frustración.
—Deberías de relajarte, Alexei.
Y como no, para rematar mi enojo aparece Sophia por la puerta de la habitación.
—Mejor cállate y déjame en paz—Le espeté, sin mirarla.
Sophia se detuvo en seco, cruzándose de brazos.
—Sabes, me tienes harta con tu puto hermano, a estas alturas ya debe estar saludando a San Pedro—Dijo con desdén en su voz.
Me levanté de un salto, sintiendo que mi furia se desbordaba.
—¿¡Cómo te atreves a decir eso!?—Grité, mis manos temblaban con furia al haber escuchado aquello.
—Porque alguien tiene que decirte la verdad, Alexei—Respondió con frialdad.
Fui hasta ella agarrándola del cuello y estampándola contra la pared.
Sophia jadeó, su expresión cambió a una de terror. Mis manos apretaban su cuello con una fuerza que ni yo mismo reconocía.
—Como vuelvas a decir algo como eso, te juro que será la última cosa que dirás—Le susurré con un tono helado, mientras que mis ojos estaban fijos con los suyos.