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Me desperté temprano, con la luz del sol filtrándose por las cortinas. Ayer a pesar de mi cansancio, me costó conciliar el sueño, la sensación de que alguien me observada, no me dejaba dormir, aunque después me dije a mí misma que estaba siendo paranoica y me dormí sin problemas.

Después de prepararme, bajé al vestíbulo junto con Anna y Niclas.

—¿Lista para el santuario de elefantes? —Preguntó Anna con una sonrisa.

—Más que lista —Respondí, tratando de igualar su entusiasmo.

Nos dirigimos al santuario, que estaba a una hora en coche desde nuestro hotel. Durante el trayecto, Anna no paraba de hablar sobre lo emocionada que estaba de interactuar con los elefantes. Niclas, como siempre, estaba atento y en silencio.

Al llegar, fuimos recibidos por los cuidadores del santuario, quienes nos dieron una breve introducción sobre su trabajo y la importancia de proteger a los elefantes. Luego, nos llevaron a conocer a los magníficos animales. La experiencia de estar tan cerca de ellos, alimentarlos y bañarlos en el río fue simplemente increíble. Los elefantes eran gentiles y parecía que disfrutaban de nuestra compañía tanto como nosotros la de ellos.

—Esto es realmente mágico —Dijo Anna, acariciando la trompa de un elefante con ternura.

—Sí, definitivamente—Respondí.

Pasamos la mayor parte del día en el santuario, así que decidimos ir a un restaurante y luego teníamos planes de explorar los templos de Bangkok, de lo que quedaba del día.

El restaurante que elegimos para el almuerzo era una pequeña joya escondida, recomendado justamente por uno de los cuidadores de los elefantes. Ofrecía una variedad de platos tailandeses tradicionales, personalmente la comida no nos decepcionó.

Después de la deliciosa comida, nos dirigimos hacia los templos de Bangkok.

Mientras caminábamos por los templos, admirando su belleza, no pude evitar sentirme de nuevo vigilada. Intenté ignorarlo y disfrutar del momento, pero la sensación se hacía cada vez más fuerte. Me giraba varias veces, para lograr ver alguien que conociese, pero solo habían turistas.

En un momento, Niclas se dio cuenta de mi incomodidad.

—¿Estás bien? —Me preguntó en voz baja, con una mirada de preocupación.

—No lo sé. Tengo esta sensación de que alguien nos está siguiendo —Le confesé.

Niclas frunció el ceño y comenzó a mirar a su alrededor discretamente, sin querer alarmar a Anna.

Mafia Capone #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora