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Buenas! Espero que en estos últimos capítulos les deis mucho amor, votando y comentando 💕💕 Os quiero ❤️❤️❤️

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El vuelo a Italia se sintió eterno. No podía dormir, no podía pensar en otra cosa más que en las palabras que me habían dicho horas atrás. Todavía no me podía creer que mi padre estuviera muerto.

Cada segundo en el aire fue una tortura para mí. Mi mente iba y venía entre la incredulidad y la desesperación. Alexei no me dejó sola ni un instante, su mano se mantenía firme sobre la mía. Pero ni siquiera su presencia podía calmar el huracán dentro de mí.

Cuando finalmente aterrizamos en Italia, un grupo de hombres nos esperaba en la pista. Reconocí a algunos de ellos, incluido a Niclas, pero mi corazón se apretó con fuerza al ver sus rostros sombríos. Esto era real. No era una pesadilla.

Alexei me guió con una mano en la espalda, su cuerpo estaba tenso, como si estuviera listo para cualquier cosa. Caminamos con rapidez hasta un auto blindado que nos esperaba con las puertas abiertas.

Nadie habló en el camino al hospital. Solo el sonido del motor llenaba el espacio. Mi respiración era irregular, y mis dedos jugaban nerviosamente entre ellos.

—Todo estará bien —murmuró Alexei, con voz grave y baja.

No le respondí. Porque no estaba segura de que nada volviera a estar bien.

Al llegar al hospital, un grupo de guardias me rodeó de inmediato. Sabía que no era solo por protección, sino porque después de lo que pasó, mi vida también estaba en peligro.

—Tenemos el área asegurada, pero hay riesgo de que intenten algo —informó Niclas en voz baja mientras caminábamos a paso rápido por los pasillos del hospital.

—¿Saben quién fue? —pregunté, con la voz cortante, aunque ya me hacía una idea de quién había hecho esto.

Niclas me miró por el rabillo del ojo.

—Aún no hay confirmación, pero... todo apunta a los Moretti.

Lo supe en cuanto lo dijo. El odio burbujeó en mi interior con una intensidad que casi me quemó por dentro.

Las puertas de la UCI se abrieron y, en cuanto crucé el umbral, sentí que el suelo se desvanecía bajo mis pies.

Salvatore estaba en esa cama, inmóvil, con tubos conectados a su cuerpo y un monitor marcando el ritmo irregular de su corazón. Tenía vendajes cubriendo gran parte de su torso, su rostro estaba pálido y sus labios agrietados.

Mi respiración se volvió errática.

—Dios... —susurré, acercándome lentamente.
Mi pecho se contrajo al verlo así. No... no Salvatore. Sus ojos estaban cerrados, su respiración era muy débil.

Mafia Capone #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora