Descubrir su pasado la llevó a enfrentar una nueva realidad, donde la fuerza y la determinación se convirtieron en sus mejores aliados.
Después de varios meses de que Dayla entrara como infiltrada a la mafia rusa, su momento de ser coronada como l...
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El despertador de mi teléfono sonó haciendo que me levantase, perezosamente lo apagué.
Habíamos llegado a Francia en la madrugada, y aunque logré dormir un poco en el avión, al llegar a la casa que alquilamos para estos días, me sumergí de nuevo en las sábanas. A pesar de todo eso, seguía estando cansada como si no hubiese dormido nada.
Como un zombi empecé a andar hacia el baño, me saqué la ropa y me metí a la ducha. Me tenía que despertar de alguna forma.
Tan adormilada estaba que, sin darme cuenta, abrí de golpe el grifo y el agua helada cayó sobre mí de golpe, haciéndome sobresaltar de inmediato. El agua estaba tan fría que me hizo reaccionar al instante. Rápidamente, giré la perilla para cambiar la temperatura a caliente, casi con desesperación, tampoco me quería congelar.
El agua caliente comenzó a abrazarme, disipando el frío. Me quedé unos minutos bajo el chorro, mirando hacia la pared sin hacer nada.
Salí de la ducha, me envolví en la toalla y me miré al espejo. Por lo menos esta pequeña ducha me había despertado, al parecer tendré que descansar más como me dijo el doctor.
Me vestí con algo de pereza y bajé para desayunar, de repente tenía muchísima hambre.
Oía varias voces que provenían de la cocina, lo que me dió a entender que ya todos se habían levantado.
Entré en la cocina, y encontré a mi padre sentado en la mesa, leyendo un periódico mientras se tomaba una taza de café. Al otro lado, Andrey estaba de pie, sosteniendo un paquete de copos de avena y preparándose para echarlo en un bowl. En la estufa, Salvatore se encontraba frente a la sartén, quejándose mientras intentaba retirar una cáscara de huevo que se le había caído accidentalmente en la comida.
Saludé a todos con una sonrisa y me acerqué a la mesa donde mi padre estaba, sentándome a su lado.
—¿Has dormido bien? Te noto cansada —Mi padre me observó con preocupación.
—Si... no te preocupes—respondí, esbozando una leve sonrisa para tranquilizarlo, aunque sabía que no lo engañaría tan fácilmente.
Mi padre me observó por un momento más, pero finalmente asintió con un suspiro y volvió a su café.
—Si necesitas descansar más hazlo, no tienes que forzarte. Total, la fiesta de Phillipe se celebrará mañana—Comentó con calma antes de dar otro sorbo de su café.
Asentí sin decir nada, mientras mis ojos vagaban por la cocina. Salvatore seguía concentrado en su sartén, ahora aparentemente sin problemas con la cáscara de huevo, y Andrey mezclaba su avena distraídamente. El ambiente era tranquilo, pero un dolor de cabeza me invadió, de seguro por la falta de alimento en mi cuerpo.