29

26.3K 1.3K 302
                                        

•••••••••

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

•••••••••

Dayla

Entonces, ¿para cuando la boda?

Solté una risa y negué con la cabeza ante su comentario.

—Ay, Thiago, no exageres —dije, rodando los ojos.

Él solo sonrió de lado, con esa expresión risueña que siempre lo caracterizaba.

Llevábamos un rato hablando, poniéndonos al día, pero ahora era momento de ayudarlo con lo que realmente importaba: su rehabilitación. Desde que supe que estaba vivo, me prometí a mí misma que no lo dejaría solo en esto. No después de todo lo que había pasado.

—Bueno, suficiente charla —dije, poniéndome de pie—. Es hora de trabajar.

Thiago gruñó, dejándose caer un poco más en la cama.

—¿Otra vez con esto? Dayla, ya tengo a los fisioterapeutas para que me torturen, no hace falta que te unas.

—No es tortura, es rehabilitación —repliqué cruzándome de brazos—. Y claro que hace falta que me una.

Me miró con fingida exasperación antes de suspirar pesadamente.

—Eres insoportable.

—Y tú un terco, pero aquí estamos.

Me acerqué a su lado y le tendí una mano. Me miró por un segundo antes de finalmente aceptar mi ayuda. Sentí el peso de su cuerpo cuando se incorporó, apoyándose en mí más de lo que probablemente le gustaría admitir.

—Poco a poco, Thiago —le recordé con suavidad—. No tienes que demostrarle nada a nadie.

Apretó la mandíbula, pero asintió.

Lentamente, lo ayudé a ponerse de pie. Sus músculos aún estaban débiles, y aunque intentaba ocultarlo, podía ver la frustración en su rostro cada vez que daba un paso con esfuerzo.

—Vas mejorando.

—Sí, sí —bufó, enfocándose en el siguiente paso—. Unos meses más y estaré corriendo maratones.

Solté una leve risa y negué con la cabeza.

—Bueno, con que puedas caminar sin maldecir cada dos segundos, me conformo.

A pesar de su incomodidad, Thiago también sonrió.

Sabía que este proceso no sería fácil para él. La frustración, el dolor y la impotencia eran evidentes en su expresión , pero si algo tenía claro era que no pensaba dejarlo solo, por mucho que refunfuñara o intentara resistirse.

—Vale, ya está por hoy. Me duelen los pies. —gruñó, dejándose caer en la cama con una mueca.

Rodé los ojos nuevamente, cruzándome de brazos.

Mafia Capone #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora