Descubrir su pasado la llevó a enfrentar una nueva realidad, donde la fuerza y la determinación se convirtieron en sus mejores aliados.
Después de varios meses de que Dayla entrara como infiltrada a la mafia rusa, su momento de ser coronada como l...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
••••••••••
A la mañana siguiente, me desperté temprano, ansiosa por el viaje. Recogí mis cosas y bajé al vestíbulo, donde Salvatore me esperaba para despedirse.
—Cuídate, y si necesitas algo, no dudes en llamarme—Dijo con una sonrisa.
—Gracias, Salvatore. Nos vemos en una semana—Respondí.
Salí de la mansión, encontrándome con Niclas caminando hacia mí, me saludó y agarro mis maletas poniéndolas en el maletero del coche.
Él es mi guardaespaldas, por lo que vendrá conmigo al viaje.
Nos dirigimos a la pista donde estaba mi yet privado, Anna ya nos estaba esperando, radiante como siempre.
Al abrir la puerta del coche, vi a Anna viniendo hacia mi, su rostro estaba iluminado con una sonrisa que parecía contagiar su entusiasmo.
—¡Buenos días! —Exclamó ella, su energía era desbordante—. ¿Lista para Tailandia?
—Lista —Respondí, tratando de igualar su ánimo.
Subimos al jet, donde el piloto nos dio la bienvenida y nos indicó que nos acomodáramos. Niclas se aseguró de que todas nuestras pertenencias estuvieran a bordo y luego se sentó en uno de los asientos cercanos, vigilante como siempre.
El despegue fue suave y pronto estábamos surcando los cielos, dejando atrás las vistas de Italia. Anna y yo aprovechamos el vuelo para planificar nuestro itinerario. Ella tenía una lista de lugares que quería visitar y actividades que no podíamos perdernos.
—Tenemos que ir a los templos en Chiang Mai, son impresionantes —Dijo Anna mientras desplegaba un mapa sobre la mesa—. Y hay un mercado nocturno que dicen que es fantástico.
Asentí.
La idea de explorar nuevos lugares y vivir nuevas experiencias era justo lo que necesitaba para despejar mi mente. Miré por la ventana, el paisaje se extendía hermoso bajo nosotros.
Después de varias horas, el jet comenzó a descender. Nos dirigíamos a Bangkok, capital de Tailandia. Al aterrizar, un vehículo nos estaba esperando para llevarnos al hotel.
—Esto es fascinante —Dijo Anna al bajar del jet, respirando el aire cálido y húmedo—. No puedo creer que estemos aquí.
Niclas tomó nuestras maletas y las cargó en el coche mientras Anna y yo nos acomodábamos en los asientos traseros. El trayecto al hotel fue breve, cuando llegamos fuimos recibidos con toallas frescas y bebidas de bienvenida.