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— Al fin terminamos — dijo Chuuya, estirándose después de terminar su tarea de la universidad. — Tengo hambre.

Dazai guardó los libros, organizando todo. — Voy a preparar la cena.

Chuuya sonrió al ver al pequeño Ranpo a quien lo estaban cuidando porque los padres de Dazai tenian que resolver unos asuntos.  El pequeño estaba en la alfombra, concentrado en su dibujo. —  Yo iré a jugar con él. — le dijo Chuuya a Dazai.

Ranpo seguía dibujando cuando Chuuya se sentó a su lado con curiosidad. — ¿Qué estás dibujando?

El niño señaló con su pequeño dedo tres manchas en el papel y respondió con entusiasmo. — Este es Dai, este soy yo y este es Chuchu.

Chuuya lo miró, sorprendido, y no pudo evitar reírse.

— Tu dibujo está muy bonito, Ranpo —   comentó Chuuya mientras observaba el trabajo del pequeño.

Ranpo esbozó una gran sonrisa. Poco después, Chuuya volvió hablar  — Vamos a jugar a la pelota.

Ranpo se emocionó al instante y ambos se pusieron a jugar.

Después de un rato, al pasar cerca de la entrada de la cocina, Ranpo preguntó con curiosidad — ¿Podemos ir a ayudar a mi hermano?

Antes de que Chuuya pudiera responder, el pequeño corrió hacia la cocina con sus cortos pasos.

Con mucho esfuerzo se subió a una silla y trató de agarrar una zanahoria y el rallador.

Con voz tímida hablo — ¿Puedo ayudarte?

Dazai, al ver el peligro, le quitó la zanahoria y el rallador, regañándolo suavemente. —  Podrías cortarte. Ve y acompaña a Chuuya.

Ranpo hizo un puchero, inflando las mejillas con frustración — Pero quiero ayudar… — insistió.

Dazai lo miró con seriedad y negó con la cabeza.

— No. Si te haces un pequeño corte, llorarás mucho como la otra vez.

Ranpo frunció el ceño, listo para replicar, pero antes de que pudiera decir algo, Chuuya llegó, lo cargó en brazos y le dijo con suavidad — Vamos a jugar un rato.

Al llegar a la sala, Chuuya lo dejó sobre la alfombra, pero al verlo con los ojos llenos de lágrimas, se preocupó.

—  Mi hermano no me quiere…— murmuró Ranpo, con un tono lastimero.

Chuuya sonrió con ternura, pensando en lo dramático que podía ser el niño.

—  Osamu solo se preocupa por ti. No quiere que te hagas daño, por eso te está protegiendo.

Los ojitos de Ranpo brillaron al escuchar eso. Sin dudarlo, se levantó y corrió de nuevo hacia la cocina.

— ¡Dai! ¿De verdad me estás protegiendo? — preguntó con ilusión.

Dazai, quien estaba concentrado en la cena, respondió sin mirarlo — Sí. Ahora ve con Chuuya.

Ranpo asintió y obedeció de inmediato, regresando con una gran sonrisa.

Ranpo asintió y obedeció de inmediato, regresando con una gran sonrisa

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Después de cenar, Fukuzawa llegó para llevarse a Ranpo. Sin embargo, el pequeño hizo un berrinche, insistiendo en que quería quedarse con su hermano.

A pesar de su resistencia, el cansancio terminó venciéndolo y, antes de darse cuenta, se quedó dormido en los brazos de Fukuzawa, quien se lo llevó en silencio.

Con la casa en calma, Chuuya y Dazai se dirigieron a su habitación. Chuuya se dejó caer en la cama con un suspiro de alivio, mientras observaba a Dazai quitarse la ropa para ponerse el pijama.

— ¿Tengo algo en el cuerpo? — preguntó Dazai, arqueando una ceja con diversión.

Chuuya sonrió de manera coqueta.

— Nada… solo mi mirada, bebé.

Dazai rodó los ojos, pero antes de que pudiera responder, Chuuya añadió con picardía — Me dan ganas de morderte.

Dazai dejó escapar una risa ligera y negó con la cabeza.

— No. La otra vez sí me dolió.

— Lo siento — se disculpó Chuuya con un puchero — Es que me emocioné demasiado.

Pasaron unos minutos, y Dazai, ahora solo en bóxer, se movía por la habitación. Chuuya, sin poder evitarlo, lo observó con atención y murmuró en voz baja.

— Madre, perdona a tu hijo por estos pensamientos pecaminosos…

Dazai se giró, mirándolo con curiosidad.

— ¿Qué dijiste?

Chuuya desvió la mirada con fingida inocencia — Nada…— guardo silencio un rato y volvio hablar — Una vez escuche a una chica de la univercidad decir que te quería morder.

Dazai frunció ligeramente el ceño y murmuró — Eso es raro…

Chuuya soltó una risa divertida y lo miró con picardía — ¿Y si yo lo hiciera?

Dazai suspiró y cruzó los brazos —  Sigue siendo raro… pero a ti si te lo permitiría.

Chuuya hizo un puchero de inmediato.

— No es raro...¡Hasta tu me dejaste marcas de besos en los muslos!

Dazai se acercó con una sonrisa traviesa, inclinándose sobre él.

— Besos, pero no mordidas.

Antes de que Chuuya pudiera quejarse más, Dazai le dio un beso corto en los labios. Chuuya suspiró, resignado, y apagó las luces.

Dazai se metió en la cama y, sin dudarlo, rodeó la cintura de Chuuya con un brazo, atrayéndolo hacia él para acurrucarse juntos.

— Buenas noches, precioso — susurró Dazai contra su cabello.

Chuuya sonrió en la oscuridad y le besó la mejilla con ternura.

— Buenas noches, amor.

— Buenas noches, amor

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All my life (Soukoku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora