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El día transcurrió entre risas y juegos para Dazai y Chuuya, mientras Chuuya desbordaba energía y no podía quedarse quieto, Dazai, aunque más reservado, se esforzaba por seguir el ritmo de su amigo, disfrutando de su compañía de todas formas.

Con la salida, Chuuya tomó la mano de Dazai con confianza, guiándolo hacia el lugar donde esperarían a sus padres. Juntos, caminaron entre la multitud, compartiendo pequeñas conversaciones y sonrisas cómplices.

Al llegar al punto de encuentro, Chuuya buscó con la mirada a su madre entre la multitud. Una vez que la encontró, tiró de la mano de Dazai hacia ella, quien se aferraba con timidez a su peluche.

Kouyou, al ver a su hijo acercarse, no pudo contener la emoción y lo abrazó con fuerza, cubriéndolo de besos en la mejilla. Chuuya rió felizmente ante la muestra de cariño de su madre.

Después de un momento, Chuuya se volvió hacia Dazai con una sonrisa traviesa. — ¡Mamá, déjame presentarte a mi amigo Dazai Osamu! — anunció con entusiasmo,

Dazai, sintiendo las miradas sobre él, se sintió incómodo y se escondió tímidamente detrás de Chuuya, aferrándose aún más a su peluche como si fuera un escudo de protección.

Kouyou observó al chico tímido con ternura, sintiendo cómo su corazón se derretía ante la vulnerabilidad de aquel niño. Con una sonrisa cálida, se agachó para estar a su altura.

–  Hola, soy Kouyou Ozaki, la madre de Chuuya — se presentó con dulzura, esperando tranquilizar al niño tímido.

Dazai, sintiéndose abrumado por la atención, se sonrojó intensamente y salió tímidamente de su escondite, haciendo una reverencia torpe.

Chuuya, notando la incomodidad de su amigo, le dio un apretón en la mano. — No te preocupes, Dazai. Mamá es muy amable — le aseguró con una sonrisa reconfortante.

Chuuya comenzó emocionado a contarle a su madre cómo él y Dazai se habían convertido en amigos, compartiendo risas y aventuras a lo largo del día en la jardin. Kouyou escuchaba con una sonrisa tierna, disfrutando de la emoción de su hijo al relatarle sobre su nueva amistad.

Estaba en medio de una animada descripción cuando un llamado repentino interrumpió su relato.

– ¡Osamu! — gritó alguien a lo lejos.

Los tres voltearon la cabeza hacia la dirección del sonido y vieron a un hombre alto y pelinegro acercándose.

Mori, al ver a Osamu, sintió un latido acelerado en su pecho. Corrió hacia Dazai con los brazos extendidos, exclamando - ¡Ahí está mi preciado bebé! - sin embargo, su corazón se detuvo en seco al notar que Dazai estaba acompañado del niño que lo hizo llorar, y lo que lo dejó helado fue ver cómo los dos niños se tomaban de la mano.

Tratando de mantener la compostura, Mori se acercó a Dazai con una sonrisa forzada, tratando de ignorar el apretón en su pecho. — Mi pequeño, ¿me extrañaste? — preguntó, extendiendo una mano para separar a Dazai del niño pelirrojo. Pero Dazai, empujo la mano de Mori con la mano que sujetaba su preciado peluche.

Mori se quedó petrificado por un momento, sus ojos se humedecieron y tartamudeó — Mi bebé, mi bebé...

Justo en ese instante, apareció Fukuzawa, su esposo, quien al ver a Mori en tal estado, lo abrazó con ternura. — Lo siento por el drama — se disculpó el peliblanco. — Soy Fukuzawa, y el esposo es mi esposo Mori. Lamento mucho el alboroto — dijo con una sonrisa amable.

Kouyou asintió con una sonrisa tranquila. — Encantada de conocerlos. Soy Kouyou, la madre de Chuuya — respondió, y asi ambos padres empezaron una platica cuando llego el momento de regresar casa.

All my life (Soukoku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora