Eva yacía sentada contra la pared, con las rodillas en su pecho, se abrazaba a sí misma. El sonido de la puerta de la celda abriéndose la hizo rodar los ojos. La puerta se abrió con un chirrido metálico, y el agente Gutiérrez entró seguido de dos hombres fornidos, ambos con el uniforme negro de operaciones especiales.
- Levántate. - ordenó Gutiérrez, su voz seca y autoritaria. Eva no respondió, ni siquiera lo miró. Miraba directamente a la nada. - ¡Dije que te levantes, carajo! - grito mucho más fuerte.
Eva giró la cabeza lentamente hacia él. Sus ojos estaban vacíos, como si no tuviera alma. Gutiérrez suspiró, frustrado. Se acercó y la tomó del brazo para levantarla sin cuidado.
- ¿Estás sorda o eres estúpida? - Eva sonrió.
- ¿A dónde me lleva? ¿A otro cuarto a golpearme? Hágalo. - El agente chasqueó la lengua. - ¿Quieren matarme? Háganlo también. Me da igual. - murmuró lo último con su voz rota. Estaba cansada, de todo.
- ¡Cierra la boca! ¡Hablas cuando no lo necesito! - exclamó el hombre jaloneando. - Llevenla a la sala. - indica. Dos hombres entraron y la tomaron a la fuerza. Eva no se resistió, solo caminó arrastrando los pies, como un cuerpo sin voluntad.
La llevaron a una sala de interrogatorios. Gutiérrez la empujó contra la silla, y uno de los hombres la sujetó por los hombros. Eva levantó la mirada. Gutierrez estaba enojado, demasiado.
- Es tu última oportunidad, Carmont. - Gutierrez quedó frente a ella, de pie. - Habla.
Eva suspiró. No quería hacerlo. No ganaba nada, y tampoco perdía nada. Pero no quería hacerlo. Quería que todos se fueran a la mierda. Todos. Dimitri. Giorgio. Gutierrez. Nikolay.
De pronto, uno de los hombres la tomó del cabello, mientras el otro le dio un puñetazo seco en el estómago. Eva se encogió por el impacto, pero no emitió ni un gemido.
Tal vez todo acabara ahí.
- ¿Eso fue el "por las malas"? - Eva río. Gutierrez apretó la mandíbula. Un comentario más y... - Eres patético, rogando por información.
Gutierrez se acerco y de pronto, un puñetazo en el rostro sorprendió a Eva. Ese imbécil la había golpeado. Eva sintió como una llama dentro de ella se encendía. Trató de zafarse del agarre de los dos militares detrás de ella.
- ¡Idiota! - Eva grito. - No voy a hablar, haz lo que quieras. - lo miró con desafío.
- ¿Sabes qué, princesa? - Se inclinó hacia ella, su voz ahora era un susurro venenoso. - Tu amiguita Esteph sufrirá las consecuencias de tus estúpidas actitudes, Eva.
Eva parpadeó. Por primera vez en días, algo cambió en sus ojos. - ¿Qué dijiste?
- Escuchaste bien, cielo. Si tú no hablas... Ella va a pagar las consecuencias. Un accidente en el traslado, una bala perdida. O dos. Nadie va a saber. Incluso puedo hacerla sufrir un poco antes.
Eva apretó la mandíbula. Su respiración se aceleró. Su corazón empezó a latir con fuerza. - Está bien. - susurro. - ¿Qué quieres?
Gutierrez sonrió con arrogancia. Ahí estaba. Ella era su punto débil. - Veo que nos estamos entendiendo. Quiero saber todo. - Gutiérrez cruzó los brazos, expectante. - Te escucho.
Eva suspiró y bajó la mirada. Su voz sonó casi resignada.
- Tiene varios negocios en Rusia, si. Pero no le interesan. Tiene negocios más fuertes en Nueva York, yo manejaba la contabilidad, así que las prioridades eran Nueva York, Chicago y California. - mintió. Mintió y Gutierrez solo sonrió con arrogancia. - ¿Conoces a Nikolay Dagger? - Eva levantó la vista y sonrió. No una sonrisa cálida... una sonrisa oscura, cargada de veneno.
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PHOENIX
Teen FictionTodos saben lo qué pasa con el fénix. El fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave fénix siempre única y eterna. Eso paso con Eva Carmont, la chica dulce que Dimitri Pavlovsky solía conocer tuvo que mor...
