Esteph se encontraba en el gran comedor de la mansión Dagger teniendo una reunión virtual con su actual jefe. Todo esto era temporal, solo ayudaría a que la marca se estableciera en Irlanda, y pronto estaría de lleno apoyando a Giorgio, tenía grandes proyectos para la marca. Fabricio Ricci, un hombre de alrededor de cuarenta años, con una elegancia natural.
- Sei bellissima anche quando sei concentrata. - murmuró el hombre. Eva, quien acababa de llegar al comedor con una taza de té en sus manos, alzó la ceja. Se sentó frente a Esteph y esta le sonrió de lado. Esteph ignoro por completo el comentario del hombre, era su nuevo hobbie, ignorar sus intentos de coqueteo.
- Hemos logrado cerrar el trato con los distribuidores en Irlanda, pero aún falta coordinar el embarque. - Alessandro se acomodó en su asiento con una expresión entretenida, parecía no prestarle atención a lo que Esteph decía.
- Siempre tan profesional, cara mia. - Esteph sonrió fingidamente. - Mi vuelo a Irlanda sale mañana, espero que podamos salir a tomar una copa.
- No creo que vaya a ser posible. - Eva hizo una mueca de asco haciendo reír a Esteph. - Aún no hay nada que celebrar, como sea, terminaré el informe y se lo enviaré más tarde por correo.
Esteph se despidió y cortó la llamada con rapidez. Eva se cruzó de brazos en su asiento.
- Ese hombre no deja de coquetearte. - Esteph rodó los ojos con diversión.
- Es mi jefe. - Eva la miro con duda. - ¿Qué pasa?
- No vayas a hacer una tontería, Esteph. No me importa si Giorgio y tú están separados. Sé que todavía lo amas. - Esteph bajo la mirada. - Además, te noto diferente.
- Claro que no. - nego. Claro que era diferente, pero esa no era la razón, tenía miedo.
- Te ves cansada. No sé... tu piel, tu forma de moverte. Parece que algo te está agotando. - Esteph se tensó. Sí, estaba cansada. Había estado sintiéndose extraña en los últimos días, con mareos, más sensible de lo normal y su periodo siempre había sido irregular, pero sus náuseas y síntomas decían otra cosa.
- Solo he tenido mucho trabajo. - alzó los hombros restando importancia. Eva no parecía convencida, pero no insistió.
Por la tarde, Esteph finalmente decidió hacer lo que había evadido durante días. Abrió el cajón de su mesita de noche y sacó la prueba de embarazo. No podía seguir ignorándolo. Con pasos temblorosos, fue al baño y procedió a hacerlo.
Cada segundo mientras esperaba el resultado se sintió eterno. ¿Cómo le diría a Giorgio? ¿Cómo se sentiría Eva al respecto? Su cabeza era un desastre. Su celular sonó anunciando que la espera había terminado. Con miedo tomó la prueba.
Dos líneas.
- Mierda. - soltó.
Una parte de ella sintió una calidez indescriptible, un hijo de Giorgio. Era el amor de su vida. Su sangre, su esencia, su historia, ahora también estaban en su interior. Pero entonces, la realidad la golpeó con la misma fuerza.
Giorgio no estaba con ella, estaba sola.
Al siguiente día, Eva y Esteph se dirigen a una gran subasta en Irlanda, Nikolay y Mike las invitaron, ambas con un hermoso vestido elegante, ceñido a sus cuerpos. Eva por su parte estaba dispuesta a hacerlo ya que Nikolay cada día la incluía más en los negocios de Irlanda y Nueva York, quería entenderlo todo. Y Esteph aceptó de último minuto cuando Mike le comento que tal vez Giorgio estaría ahí, tenía que decirle lo que pasaba.
- ¿Recuerdas la primera vez que estuvimos en Irlanda? - preguntó Eva cuando ambas iban entrando al gran hotel. - Fue una pesadilla.
- Lo sé. - susurro. Los cuatro entraron al gran salón. La decoración del lugar era hermosa.
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PHOENIX
Teen FictionTodos saben lo qué pasa con el fénix. El fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave fénix siempre única y eterna. Eso paso con Eva Carmont, la chica dulce que Dimitri Pavlovsky solía conocer tuvo que mor...
