Mis manos tiemblan al ver la prueba en el lavamanos.
Positivo
Estoy esperando un hijo de Dimitri, ni siquiera sé cómo sentirme ¿Asustada? ¿Feliz? Son demasiados sentimientos en un momento, quería correr a llamar a Esteph pero está demasiado ocupada en su viaje de luna de miel que no quiero desviar su atención.
Escucho el gran portón abrirse y asomo mi cabeza por la puerta, Dimitri llegando en su coche. Apenas sale corro hacia él y lo abrazo sintiendo su rechazo cuando retrocede un poco.
- ¿Qué pasa? - susurro y él niega desarreglando su cabello mientras camina a tomar asiento en el sofá.
- Mierda y más mierda. - no creo que sea el momento correcto de decirle la noticia, no se como va a reaccionar.
- Ya veo, hice la cena . - camino hacia la cocina, volteo a verlo, solo teclea en su celular enfurecido, ni siquiera suelta un comentario acerca de la cena. Ni siquiera me pregunto cómo estoy. Saco un plato para servir la lasaña con cuidado, escucho sus zapatos y cuando volteo con el plato en mis manos, se ha ido.
Estoy aquí, en casa esperando a un hombre que no me presta atención, con su cena hecha por mi esperando en la mesa, esperando siempre a que esté bien, esperando a que esté tranquilo, esperando a que me vea, esperando a que me escuche, esperando a que este libre, y esperando un hijo suyo.
Una notificación en mi celular me hace desviar mi atención, dejo el plato en la mesa para revisar un nuevo mensaje de Esteph
"¿Qué tal todo?"
Contesto con un "Bien, supongo ¿qué tal tu luna de miel?"
- Tengo que irme, no creo volver hasta muy tarde, duerme tranquila. - levanto mi mirada del celular viendo como se coloca su abrigo.
- Lo que diga el jefe. - digo sarcásticamente, tomo el plato con comida y lo tiro a la basura. Me mira como si estuviera aburrido o cansado. - Vete.
- Eva... - no lo dejo terminar y me voy hacia nuestra habitación, algunas lagrimas salen y bajan por mis mejillas. Escucho la puerta principal cerrarse, camino hacia el ventanal viendo a Dimitri subirse a su coche.
Dos semanas después.
Han pasado unas dos semanas desde que me enteré de mi embarazo, nadie lo sabe, solo yo y jamás imaginé sentirme de esta manera, tan maternal. No puedo esperar a que mi barriga se haga notar, y aunque sé que Dimitri y yo no estamos en el mejor momento, una parte de mi tiene miedo de decírselo, una gran parte de mi. Esteph por otro lado, aún no regresa de su luna de miel, ahora se encuentra en Las Vegas y es su último destino, regresará en dos días a Sicilia, a seguir su vida cotidiana y justo cuando vuelva le contare la gran noticia, sé que estará muy feliz, le emocionan tanto los niños.
He estado pensando en cómo darle la noticia a Dimitri, he visto demasiadas ideas pero hasta el momento he pensado en darle una pequeña caja con unos zapatitos de bebe. Hoy tengo mi primera cita con la obstetra al mediodía y una vez tenga mi primera ecografía le daré la noticia.
Retiro las sábanas y me levanto estirando completamente mi cuerpo, me veo la barriga en el espejo y esta ni siquiera está abultada pero aun así la acaricio y me burlo de mi misma. Abro el closet para tomar ropa y me quedo inmóvil, tratando de entender qué es lo que está pasando. En el closet solo hay ropa mía, el closet pequeño de Dimitri está vacío, los estantes y ganchos solitarios.
- ¿Dimitri? - susurro. - ¡¿Dimitri?! - alzo la voz caminando hacia la caja fuerte, está abierta y en ella hay algunas pacas de dinero, imagino lo peor. Bajo las escaleras y todo parece normal e intacto como siempre, lo único fuera de lugar es un sobre en la mesa de centro de la sala, la tomo leyendo el "Evangeline" con tinta negra, rompo el sobre con desespero y saco una carta escrita a puño y letra, la letra de Dimitri, se que es su letra por las miles de notas que me ha dejado.
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PHOENIX
Fiksi RemajaTodos saben lo qué pasa con el fénix. El fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave fénix siempre única y eterna. Eso paso con Eva Carmont, la chica dulce que Dimitri Pavlovsky solía conocer tuvo que mor...
