Evangeline
Cuatro meses después.
Después de conocer el paradero de Dimitri, Nikolay y yo empezamos a trabajar muy de cerca. Para mi verlo en aquellas fotos fue devastador, él parecía sonriente, su semblante era de felicidad. Creo que lo que mas me dolio al verlo, era que él estaba siendo feliz, y me dejo a mi completamente miserable.
- Quiero verlo, quiero ver las fotos. - digo con determinación. Nikolay un poco dudoso saca su celular y me muestra las fotografías. Está ahí, afuera de un hotel hablando con una mujer, ella sonríe, no puedo ver su expresión hasta que Nikolay me muestra la siguiente foto, él ríe. Dimitri riendo, con una mujer. Puedo sentir como mi pecho se siente apretado, todo este coraje que tenía guardado sale. Cambio a la siguiente y ahí puedo ver a la chica. - Creo que la he visto... - trato de recordar y cuando doy zoom, lo recuerdo. - Dimitri tenía una carpeta con la información de esa mujer, es ella. - confirmo. - ¿Sabes quien es? - miro a Nikolay y este suspira.
- Creo que tienen una relación. - Me muestra la siguiente fotografía, la mujer se cuelga básicamente de sus hombros, ambos están besándose. Retiro el celular de mi camino y corro hacia mi habitación.
Una vez vi esas fotografías, todo se fue a la mierda. Una pequeña parte de mi creía que Dimitri lo hacía por mi realmente, que nunca quiso lastimarme, que alguien más había atentado en contra mía, y no él. Pero no fue así, solo quería quitarme del camino para estar con esa mujer, no podría hacerlo si yo estaba embarazada de él, claro. Así que, decidí que lo justo, por hacer que yo perdiera a mi bebé, era que él sufriera.
- Es una mierda. - asiento hacia Mike, le había contado lo que había sucedido con Dimitri, mientras paseábamos por los alrededores de la mansión después de haber corrido durante una hora. - ¿Vas a hacer algo?
- Si, pero aun no se como hacerlo. - él sonríe con superioridad, claro que Mike Dagger sabía que podía hacer, un joven hijo de la mafia irlandesa. - Y tu. - pongo mi dedo índice en su pecho, apuntando. - No vas a participar, lo tienes prohibido, Mike. - chistea.
- Sabes que puedo ser de mucha ayuda, Eva, vamos. - bebo de mi termo de agua, para después negar. - Quisiera poder verle la cara a ese idiota cuando se de cuenta que realmente estas viva... Además, sabes que soy muy bueno ayudando aunque sea a lo lejos, a través de una pantalla. - Lo era, ayudaba siempre a Nikolay en todo lo que tenía que ver con tecnología, y yo siempre lo acompañaba, ambos veíamos a través de una pantalla como Nikolay trabajaba, muchas de las veces, si no es que la mayoría, lo hacíamos sin que Nikolay lo supiera.
Por las noches, me encerraba en mi habitación, imaginando que era lo que podría hacer, jamás había sentido esto en el pecho, era algo diferente. Dimitri quiso matarme por ella, me trató de borrar de su vida como si nunca hubiera significado nada para él. Me utilizó, me vio como una estupida, me traicionó. Y ahora él está feliz, feliz y enamorado. Todo el dolor que sentía, se transformó en rabia y coraje. Cuando estoy frente al espejo no me reconozco, no soy la misma Eva.
- Nikolay. - lo llamo en la puerta, me contesta con un "Adelante" y lo encuentro en su escritorio leyendo algunas hojas mientras juguetea con una navaja. - Tengo los libros de contabilidad de los clubs. - dejo la carpeta en su escritorio y veo un poco aquello que lee.
- Gracias, Eva. - parece muy concentrado en lo que lee que trato de irme en silencio. - Eva, perdón, por favor siéntate, estaba concentrado leyendo... no importa. - deja por fin su navaja en el escritorio y presta toda su atención en mí.
- No te preocupes, solo traje los libros no es importante... - vago con mi respuesta. La verdad era que había hablado con Mike, y me recomendó pedirle ayuda a Nikolay, pero no podía, después de todo lo que me había ayudado, me era demasiado pedirle esto. - Nik... quiero... - asiente mirándome fijamente con sus ojos color avellana. - Necesito tu ayuda, quiero que Dimitri pague por lo que me hizo.
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PHOENIX
Novela JuvenilTodos saben lo qué pasa con el fénix. El fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave fénix siempre única y eterna. Eso paso con Eva Carmont, la chica dulce que Dimitri Pavlovsky solía conocer tuvo que mor...
