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La cabeza de Eva no paraba de dar vueltas, desde que estuvo en el hospital con Esteph, solo una cosa pasaba por su mente. Tenían que huir. No supo en qué momento todo esto se convirtió en una maldita pesadilla. Si veía hacia delante, veía sangre, sangre de ella, de Esteph, de todos. Es la puta mafia. LA. PUTA. MAFIA.

¿En qué mierda estabamos pensando? ¿Porque creímos que estaríamos bien?

- Esteph... ¿Qué hicimos? - susurro con los ojos rojos, no quería llorar pero le era inevitable. Tenía tanto miedo. Esteph solo la miró, no había pronunciado una sola palabra desde que llegaron a casa de Chris. - Nunca debimos estar con ellos... son la mafia. La mafia.

- Es mi culpa. - Esteph restregó su rostro con ambas manos.

- Nos iban a secuestrar para Dios sabe que. - dice Eva mirando a Esteph. - Me metí con Dimitri. ¡UN PUTO MAFIOSO! - exclamó, su respiración estaba descontrolada, cuando Esteph lo noto no dudo en acercarse a ella.

- Eva... -

- ¿¡ En qué estábamos pensando!? - su voz se quebró. Esteph sintió un nudo en su garganta. Tenía razón. - Me metí con Dimitri... un mafioso. Un hombre que asesina sin pestañear. Hiere personas, familias...

Esteph la miro con dolor. Ella había hecho lo mismo, incluso peor, se había casado con Giorgio, y ahora estaba esperando un hijo de él. Había creído, como una completa estúpida, que Giorgio podría ser diferente. Que podría amarlo sin consecuencias. Que podrían tener algo real, algo suyo, lejos del caos de su mundo.

Pero no. Los dos eran malas personas. Mafiosos. Asesinos.Hombres que dictaban el destino de otros con solo una orden.

Eva se levantó bruscamente del sofá, sus manos temblaban. - Mierda. - susurro Eva. Eva negó con la cabeza, su respiración estaba fuera de control.

- Eva, respira, tranquila estamos a salvo aquí... - Eva sigue negando. Sus pupilas dilatadas. Su pecho subiendo y bajando con rapidez. La desesperación en su rostro. - ¡Eva, mírame! - la tomo por las mejillas tratando de dirigir la mirada a la suya.

- No puedo respirar. - aquello salió como un murmuro. - No... yo... - no podía hablar. sus palabras salían entrecortadas, los temblores en su cuerpo eran incontrolables.

- Eva, estamos en México, estamos bien, estamos a salvo. Respira. - Esteph la abrazó con fuerza. Eva se derrumbó en sus brazos, aferrándose a ella como si fuera su único salvavidas en medio de una tormenta. Las lágrimas de ambas mojaban sus pieles, pero ninguna se apartó.

La mansión de Nikolay en medio de la nada, parecía vacía, silenciosa, como siempre. Dimitri y Giorgio bajaron de la camioneta, ambos furiosos, desesperados.

Giorgio no se detuvo en la puerta, con su arma voló la cerradura, captando la atención de los hombres de Nikolay. Desde la sala Nikolay los veía entrar, informando a sus hombres que no hicieran nada al respecto.

Con una copa en la mano espero a que finalmente Dimitri y Giorgio entrarán. Se reclinó en el sofá y finalmente cuando estuvieron frente a él, sonrió de lado.

- ¡Vaya! ¿A qué debo el honor? - Su voz era suave, casi divertida.

Dimitri fue el primero en acercarse, y sin precio aviso, lo tomó del cuello de la camisa y lo levantó del sofá, empujándolo contra la pared.

- ¿Dónde están? - gruñó. - Y no juegues, hijo de puta.

Nikolay no se inmuto, solo sonrió.

- No se de que me hablas Dimitri. - dijo con calma, como si no tuviera a un hombre capaz de matarlo sujetándolo por el cuello.

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