Extra III: Efectos del alcohol

3.7K 364 171
                                        

Eliza

Pasaron alrededor de diez minutos cuando tuve que levantarme porque el estar acostada entre dos sillas resulto ser aún más incómodo, el solo estar mirando el reloj en la pared hacía que el tiempo pasara más lento de lo normal.

—¿Qué haces?

—Tratando de contactarme con una prima —Melissa tiene la mirada en su teléfono—, le estoy diciendo que venga cuanto antes

—Qué suerte tiene ustedes

—Tú también puedes hacerlo... —se quedó callada al darse cuenta de lo obvio—. En serio no sé por qué ese oficial te puso las esposas así

—Porque es un hijo de la gran...

—Llegaré en la mañana, a menos que consiga salir antes de terminar todo el... —una oficial se detuvo al entrar al pasillo, tiene el teléfono cerca de la boca, supongo que está mandando un audio—, papeleo. Cariño, tengo que colgar, nos veremos al rato. Te amo

En el momento que bajo su teléfono lo guardo, señalándonos a la vez con una carpeta que trae en la mano, con la otra mano sostuvo el arma que tiene en el cinturón.

—¿Qué hacen ahí?

Miré a las chicas al no entender la pregunta de la oficial, Melissa frunció el ceño y mostró las esposas que tiene en sus muñecas.

—Unos tipos nos dejaron aquí, con esto

—¿Están detenidas?

—No, solamente quisimos entrar y esposarnos nosotras mismas —respondí con el mejor tono que encontré

—Oye, yo hago las preguntas aquí —fruncí el ceño cuando me señalo—. ¿Quiénes las detuvieron?

—No se presentaron, solo nos esposaron y nos dejaron aquí

—Pero ¿cómo eran los oficiales?

—Idiotas

—¡Eliza! —rodé mis ojos

—Deben venir con las otras chicas —señalo el pasillo—. Síganme

—Uno de los oficiales era castaño y el otro...

—Era el más idiota

Esta vez Melissa no me dijo nada, en su lugar me dio un golpe en la cabeza que me hizo detenerme.

—¡Oye!

—Se ve que no quieres volver a tu casa —soltó a reír la oficial

—Si tu esposa nos mata —Melissa me agarro de la blusa para acercarme a ella—, me aseguraré de que no llegues viva al altar, así que cierra la boca

—¿Cuántos años tienen? —nos señaló la oficial

—Veintitrés —respondió Gabriela

—¿Y ya estás casas?

—Técnicamente, aún me voy a casar

—¿No estás algo joven para eso?

Estaba a punto de decirle algo no ofensivo, pero entonces quise cruzarme de brazos y al solo tirar, recordé que los tengo esposados en mi espalda.

—¿Y a usted qué le importa?

—En verdad no sé cómo Stella te soporta tanto —miré mal a Gabriela

—Bueno niñas, síganme

Mientras avanzamos por los pasillos, cada vez más cerca se escucha una voz familiar gritando a los cuatro vientos. Al ver mejor el panorama, me encontré con Dennis aferrada a los barrotes.

Una última partidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora